La semana pasada los invitados a la boda se fueron, uno a su labranza y otro a sus negocios. Después de tres parábolas en el templo, Jesús les va a contestar una pregunta a los discípulos de los fariseos, e interesantemente esta pregunta llega con elogios: ¿es lícito dar tributo al César? Hoy con nosotros nuevamente pastor Luis Santiago, pastor de la Iglesia Metodista La Transfiguración en Santurce. Comenzamos preguntándonos que nos toca pagar y terminamos preguntándonos qué es lo que le pertenece a Dios.
Para leer la conversación anterior, aquí la tienes: La invitación que insiste; el traje de cada mañana - Mateo 22:1-14 - https://www.domingoadomingo.com/la-invitacion-que-insiste-el-traje-de-cada-manana-mateo-22-1-14/
Tres ideas clave para nuestra conversación de hoy:
- La pregunta del tributo era una trampa sin salida, y Jesús la desarma pidiendo una moneda que traían los mismos que querían atraparlo.
- Aunque no es una traducción con ese uso en Mateo, «Dad» se puede leer «devolved», y la imagen en la moneda abre la pregunta por la imagen de Dios en nosotros.
- Todo le pertenece a Dios, el César incluido, eso es decir mucho más que la asistencia del domingo o el diezmo.
El episodio completo está en YouTube:
¿De quién es esta imagen? · Mateo 22:15-22 (Ep. 59)
https://youtu.be/MmivAfxrzhg
Companion
Comentario a Mateo 22:15-22: la moneda, la imagen y lo que es de Dios
Llegan elogiando: Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, que enseñas con verdad el camino de Dios, que no te dejas llevar por las apariencias. Todo cierto, pero lo dicen para tenderle una trampa. Detrás se acerca una pregunta envuelta en flores: ¿es lícito dar tributo a César o no? Lo interesante es que cualquiera de las dos contestaciones haría a Jesús quedar mal.
Jesús, con su sabiduría no cae en la trampa y pide una moneda. Se la presentan ellos mismos, en pleno templo, y él les hace una pregunta elemental: ¿de quién es esta imagen? Del César. Pues devuélvanle al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.
Lo del César se reconoce fácil, porque lleva su imagen. Para saber qué es lo de Dios basta con preguntar quién lleva la suya. La Escritura nos lo ha planteado desde el Génesis. Somos, todos los seres humanos, imagen y semejanza de Dios. Cada persona sentada en los bancos, cada vecino, cada muchacho y muchacha de la comunidad, cada persona, sea como sea. Llevamos la imagen de Dios inscrita en nuestro ser y afirmamos incluso más: todo la creación lleva inscrita la imagen de Dios.
Entonces, ¿qué le estamos devolviendo a Dios? Podríamos contestar con el domingo. Llegamos, cantamos, ofrendamos y salimos con la tranquilidad de quien ponchó en el trabajo. A veces lo hacemos para que otros nos vean, y muchas veces para vernos nosotros, para decirnos que somos buenos cristianos porque no faltamos y con eso cumplimos, aunque el lunes no nos acordemos de qué hablamos en la iglesia.
Pero una afirmación más congruente es saber que de Dios es todo: el tiempo, el esfuerzo, los talentos, el trabajo, la manera en que le hablamos a la gente. Por eso tenemos que entregarle a Dios toda nuestra experiencia, incluso aquellas áreas en las que nos da trabajo dejar entrar a Dios, pues sabemos que, si le dejamos entrar, nos toca arreglar y transformar esas áreas.
Otra cosa importante que tenemos que entender es que afirmar que todo sea de Dios no quiere decir que todo sea de la iglesia. Hemos cargado a los jóvenes, ancianos y niños con una expectativa injusta: que estén metidos en el templo todo el tiempo, que exclusivamente tengan sus experiencias en la iglesia, que no tengan amistades ni vida fuera de las actividades de la congregación. Dios, definitivamente, quiere gente fiel a él dondequiera que esté, pero una estructura religiosa que reclama todas las horas de una persona se parece más a un cobrador que al Señor. Aplica incluso a cada líder y pastor que no da abasto entre comités y reuniones. La iglesia también puede convertirse en un César que cobra lo que no es suyo.
Saber que llevamos la imagen de Dios cambia el lugar donde se vive la fe. Deja de ser un pago que se hace en un espacio específico y a una hora específica y se vuelve una integración con nuestra realidad. En la oficina, en la cocina, en la fila del banco, en la conversación con el vecino que piensa distinto, en el trabajo que nadie ve, llevamos una imagen que no es solamente nuestra. Lo que hacemos ahí se lo devolvemos a quien nos la estampó. Ese es el mejor tributo.
Hoja de predicación · Domingo a Domingo
La moneda y la imagen
Lo que se le devuelve al César y lo que es de Dios
Mateo 22:15–22
Vigésimo primer domingo después de Pentecostés · Propio 24 · Ciclo A · Verde · 18 de octubre de 2026
Contexto histórico-cultural
El «tributo» de la pregunta es el census, el impuesto por cabeza que Roma cobraba a los pueblos sometidos. Judea lo pagaba desde que pasó a ser provincia romana, gobernada por un procurador, y desde entonces el asunto trataba también el tema de la fidelidad al Dios de Israel: hubo incluso quien llamó a la revuelta por él (ver notas).
Los que preguntan forman una alianza muy peculiar. Los fariseos envían a sus discípulos junto a los herodianos (v. 16), partidarios de la casa de Herodes, que gobernaba con el favor de Roma. Muchos fariseos resentían el tributo, y los herodianos vivían de sostener el orden que lo cobraba. Por eso la pregunta se diseñó para que ninguna respuesta sirviera. Un no les daba a los herodianos materia para acusarlo de sedición. Un sí lo dejaba como quien bendice el yugo extranjero delante del pueblo que lo tenía por profeta (21:46).
La escena ocurre en el templo, donde Jesús enseña desde 21:23. El denario era una moneda romana de plata, el jornal de un día de trabajo (20:2). El evangelio no dice cuál le presentaron; la identificación tradicional es el denario del emperador reinante, Tiberio, con cuyo «año decimoquinto» abre Lucas el relato de la predicación de Juan (Lc 3:1). Ese denario llevaba la cabeza laureada del emperador y, alrededor, la leyenda TI CAESAR DIVI AVG F AVGVSTVS: «Tiberio César, hijo del divino Augusto, Augusto». El Senado había divinizado a Augusto a su muerte, así que la moneda presentaba al emperador como hijo de un dios, y el título «Augusto» quería decir venerable, consagrado. En el templo, la pieza llevaba un retrato y una pretensión de divinidad.
Tres claves exegéticas
1. «Dar tributo» y «Dad, pues» δοῦναι / ἀπόδοτε (dounai / apodote)
La pregunta usa el verbo común para dar, δίδωμι (v. 17). Jesús contesta con el compuesto ἀποδίδωμι (v. 21), que lleva la idea de devolver o saldar lo que se debe. En Mateo es el verbo del jornal que el señor de la viña manda pagar (20:8) y de los frutos que los labradores tenían que entregar a su tiempo (21:41). La RVR60 traduce «Dad»; se puede leer «devolved». Al César se le devuelve lo que salió de su ceca. La segunda mitad del dicho nadie la había preguntado: Jesús añade a Dios en una discusión que solo trataba del César.
2. «¿De quién es esta imagen, y la inscripción?» εἰκὼν καὶ ἐπιγραφή (eikōn kai epigraphē)
Jesús pregunta por dos cosas: el retrato y la leyenda. La imagen señala a quién pertenece la moneda; la inscripción dice lo que esa autoridad afirma de sí misma. La RVR60 usa la misma palabra castellana en el relato de la creación: «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó» (Gn 1:27). Esa resonancia es la que recogió la lectura patrística del pasaje (ver notas).
3. «¿Por qué me tentáis, hipócritas?» πειράζετε (πειράζω, peirazō)
Es el verbo de la tentación en el desierto: Jesús fue llevado «para ser tentado por el diablo», y Mateo llama al diablo «el tentador» (4:1, 3). Vuelve cuando fariseos y saduceos piden una señal (16:1), en la pregunta sobre el divorcio (19:3) y con el intérprete de la ley de esta misma serie (22:35). En el desierto, la última prueba fue el ofrecimiento de «todos los reinos del mundo y la gloria de ellos» a cambio de adoración (4:8–9), y Jesús contestó: «Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás» (4:10). Pareciera que la pregunta del tributo vuelve a aquel terreno: los reinos del mundo, su gloria y a quién se le debe la adoración.
Hilo teológico
El dicho de Jesús se ha usado para repartir la vida en dos zonas de igual tamaño, una para el Estado y otra para la religión. El texto no da para tanto. Lo que le corresponde al César se reconoce por su cara en la moneda; lo que le corresponde a Dios no tiene esa frontera, porque «de Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan» (Sal 24:1). Lo del César cabe dentro de lo de Dios.
En la conversación dimos un paso más, que es una lectura derivada del texto: si todo ser humano lleva la imagen de Dios, también la lleva el César. La moneda le pertenece al emperador, y el emperador le pertenece a Dios. Así leído, el dicho reconoce la obligación civil, pagar lo que corresponde, y la coloca bajo una pertenencia mayor.
Desde la tradición metodista, esa pertenencia alcanza más que un día a la semana o un porcentaje de lo que ganamos. La gracia santificadora se extiende a la vida entera, y lo que es de Dios es la persona completa que lleva su imagen.
Tres ángulos homiléticos
A. De lo que pagamos a lo que es de Dios
Se podría empezar donde empezó nuestra conversación, con lo que pagamos sin discutir porque no queda otra, y llevar a la congregación a la mitad del dicho que Jesús añadió sin que nadie se la pidiera: ¿qué es lo de Dios? La respuesta del texto es amplia, y el sermón puede bajarla a lo concreto de la semana de cada cual. Se podría cerrar cantando «Que mi vida entera esté», el himno de consagración de Frances R. Havergal en la versión castellana de Vicente Mendoza.
B. La moneda en el bolsillo de quien pregunta
En el relato, Jesús pide la moneda y la sacan los que vinieron a probarlo (v. 19). Los que querían saber si Jesús estaba con el imperio cargaban el dinero del imperio, con su retrato y su leyenda, dentro del templo. Se podría predicar desde ese detalle hacia nosotros: ¿cuántas veces le exigimos a otros que se definan mientras llevamos encima lo mismo que denunciamos? Debemos cuidar que el espejo apunte a la iglesia de hoy y no a los fariseos de ayer.
C. Lo que el texto no autoriza
Hay quien usa este versículo para sostener el diezmo, como si «lo que es de Dios» fuera otro impuesto del diez por ciento. La legitimidad del diezmo es otra discusión; tomar este texto para cobrarlo lo convierte en pretexto. También se ha leído como permiso para separar la fe y la vida pública en compartimientos estancos. Se podría predicar contra los dos atajos con la misma pregunta: si todo es de Dios, ninguna parte de la vida queda fuera, y ninguna se resuelve con una cuota.
Ilustración y aplicación contextual
La conversación arrancó con una pregunta de las que se hacen en confianza: ¿tú pagas contribuciones? La respuesta fue la que daría cualquiera de nosotros: sí, porque tocó. Las descuentan del cheque. Después vienen las otras: el IVU en cada compra, el impuesto en la gasolina, el cargo en la factura de la luz. Las pagamos por todos lados, sin pensarlo mucho, con esa palabra nuestra que mezcla resignación y humor.
Hay quien le da a Dios de la misma manera: el rato que tocó, la ofrenda que tocó, el domingo que tocó. El texto pone otra palabra al lado. A Dios no se le paga lo que tocó; se le devuelve lo que es suyo, y lo suyo lleva su imagen. Nuestra gente sabe distinguir entre pagar una contribución y entregar la vida, y el sermón puede ayudarnos a notar cuándo tratamos lo segundo como si fuera lo primero.
Breves notas sobre el género literario
Es un relato de controversia: unos adversarios plantean una pregunta para atrapar, Jesús responde con otra pregunta y cierra con un dicho breve que deja a todos sin réplica. El elogio del comienzo funciona como captatio benevolentiae, y lo que dicen es verdad: «sabemos que eres amante de la verdad… porque no miras la apariencia de los hombres» (v. 16). Suena a lo que la Escritura dice de Dios: «Jehová no mira lo que mira el hombre… pero Jehová mira el corazón» (1 S 16:7). Dicen lo correcto con malicia (v. 18), y Jesús los llama hipócritas, la palabra griega para el actor que recita un papel.
Breves notas sobre la estructura
La perícopa tiene cinco tiempos: el plan (v. 15), el acercamiento con elogio y pregunta (vv. 16–17), el giro en que Jesús desenmascara, pide la moneda y pregunta (vv. 18–20), el dicho (v. 21) y la salida (v. 22). Los que venían a preguntar terminan contestando, y los que querían sorprenderlo «en alguna palabra» (v. 15) se van sin una.
Es la primera de cuatro preguntas en el templo: el tributo, la resurrección (vv. 23–33), el gran mandamiento (vv. 34–40) y la que hace Jesús sobre el hijo de David (vv. 41–46), que termina con «ni osó alguno desde aquel día preguntarle más» (22:46). Todo cuelga de la pregunta por la autoridad de 21:23 y del deseo de echarle mano de 21:46.
El cierre tiene un eco: «dejándole, se fueron» (v. 22). Al comienzo del evangelio, los pescadores, «dejando al instante las redes, le siguieron» (4:20). Es el mismo participio, ἀφέντες (aphentes), y el mismo gesto de dejar, en direcciones opuestas.
Pregunta para la comunidad
Domingo a Domingo · Episodio 59 · domingoadomingo.com
Complemento
Para profundizar: notas y fuentes
1. ἀπόδοτε (ἀποδίδωμι, apodidōmi): devolver, saldar lo debido, entregar; en Mateo también en 5:26, 33; 6:4, 6, 18; 12:36; 16:27; 18:25-34; 20:8; 21:41 y 27:58. La lectura que se hizo al aire, «devuélvanle al César», es correcta, y además el verbo tiene en Mateo un registro más amplio que el del pago: nombra la recompensa del Padre que ve en lo secreto (6:4), la cuenta que se rendirá por las palabras dichas (12:36) y la entrega del cuerpo de Jesús a José de Arimatea (27:58). Lucas lo usa para el muchacho sanado que Jesús le devuelve a su padre (Lc 9:42) y para Zaqueo, que devuelve cuadruplicado (Lc 19:8); 1 Pedro, para no devolver mal por mal (1 P 3:9). David Cortés-Fuentes, pastor y profesor de Nuevo Testamento en Aguadilla, lee el imperativo del versículo 21 como «devuelvan».
Fuente: David Cortés-Fuentes, «Comentario del San Mateo 22:15-22», Working Preacher (2017) — https://www.workingpreacher.org/commentaries/revised-common-lectionary/ordinary-29/comentario-del-san-mateo-2215-22-3
2. El denario del tributo era, con toda probabilidad, el de Tiberio: llevaba el retrato del emperador y una leyenda que lo llamaba hijo del divino Augusto. Para un judío observante la pieza resultaba problemática por partida doble, porque el retrato chocaba con la prohibición de hacer imágenes y el título le atribuía al emperador una ascendencia divina. Armando Levoratti, citado por Carolina Rosa Artana, la llama una moneda «doblemente odiosa»: por la efigie y porque pagarla recordaba la sujeción a Roma.
Fuente: David Cortés-Fuentes, «Comentario del San Mateo 22:15-22», Working Preacher (2017) — https://www.workingpreacher.org/commentaries/revised-common-lectionary/ordinary-29/comentario-del-san-mateo-2215-22-3 · Carolina Rosa Artana, «Comentario del San Mateo 22:15-22», Working Preacher (2026) — https://www.workingpreacher.org/commentaries/revised-common-lectionary/ordinary-29/comentario-del-san-mateo-2215-22-6
3. Warren Carter, cuyo comentario está traducido al español como Mateo y los márgenes (Verbo Divino, 2007), lee el tributo como fuente de ingresos del imperio y, a la vez, como mecanismo de sometimiento. Raj Nadella recoge su idea de que un impuesto imperial puede pagarse sin que el pago sea un voto de apoyo a Roma ni a su ethos, y la explica así: pagar reconoce el poder político del imperio sin concederle autoridad moral. Nadella añade una observación sobre el versículo 19: la prontitud con que los que preguntan producen la moneda muestra hasta qué punto todos participaban, por gusto o por necesidad, en la economía del César. En la conversación se matizó que pagar no equivalía por fuerza a aprobar la conducta del imperio, aunque los que preguntaban podían presentarlo así.
Fuente: Raj Nadella, «Commentary on Matthew 22:15-22», Working Preacher (2026), con referencia a Warren Carter, Matthew and the Margins — https://www.workingpreacher.org/commentaries/revised-common-lectionary/ordinary-29/commentary-on-matthew-2215-22-7
4. Tertuliano leyó el dicho como un reparto de imágenes: al César, la imagen del César que está en la moneda; a Dios, la imagen de Dios que está en el ser humano, de modo que al César se le da el dinero y a Dios, uno mismo. Y pregunta qué le quedaría a Dios si todo fuera del César. Agustín recoge la imagen en clave de restauración: somos moneda de Dios extraviada del tesoro, con la impronta borrada por el extravío, y Cristo vino a acuñarla de nuevo; por eso al César se le devuelve su dinero y a Dios, nosotros mismos.
Fuente: Tertuliano, Sobre la idolatría 15, trad. S. Thelwall (Ante-Nicene Fathers 3) — https://www.newadvent.org/fathers/0302.htm · Agustín de Hipona, Tratados sobre el Evangelio de Juan 40.9, trad. John Gibb (Nicene and Post-Nicene Fathers I/7) — https://www.newadvent.org/fathers/1701040.htm
5. Los herodianos aparecen en Mateo una sola vez, en este pasaje (22:16), y en Marcos dos veces, junto a los fariseos (Mc 3:6; 12:13). No se sabe con certeza si eran un partido organizado, funcionarios de la corte o simples partidarios de la dinastía de Herodes; su sola presencia vuelve peligrosa cualquier respuesta contra el tributo. Carolina Rosa Artana lee como parte de la misma hipocresía que los fariseos actúen por medio de sus discípulos.
Fuente: Carolina Rosa Artana, «Comentario del San Mateo 22:15-22», Working Preacher (2026) — https://www.workingpreacher.org/commentaries/revised-common-lectionary/ordinary-29/comentario-del-san-mateo-2215-22-6
6. Flavio Josefo cuenta que, cuando el territorio de Arquelao quedó reducido a provincia romana con Coponio como procurador, un galileo llamado Judas empujó a sus compatriotas a la revuelta: los llamaba cobardes si soportaban pagar tributo a los romanos y aceptaban, después de Dios, a hombres mortales por señores. La pregunta del tributo llegó a Jesús cargada de esa historia, en la que pagar podía leerse como reconocer a otro señor.
Fuente: Flavio Josefo, La guerra de los judíos 2.8.1, trad. William Whiston — https://penelope.uchicago.edu/josephus/war-2.html
Que el Señor, cuya imagen llevas, reciba de tus manos lo que siempre fue suyo, y que esta semana, dondequiera que estés, se reconozca su rostro en el tuyo.
S. Febo
14 de octubre de 2026
Conversación