Después de la viña de Mateo 20, donde el dueño les pagó el día completo a los que llegaron a las cinco de la tarde, la viña vuelve a aparecer, ahora dentro del templo: un padre manda a sus dos hijos a trabajar en ella, y Jesús cuenta la historia delante de los que le preguntan con qué autoridad hace lo que hace. Vuelve a la conversación el pastor Luis Santiago, pastor de la Iglesia Metodista La Transfiguración en Santurce. Con él leímos la pregunta, la cuenta que sacan los que no quieren contestar y la historia de dos hijos que dicen una cosa y hacen otra. Si te perdiste la conversación anterior, aquí la tienes:
Tres ideas clave de nuestra conversación para el episodio de hoy:
- Jesús dice que no va a contestar y contesta enseguida, con una parábola: su autoridad se reconoce en quien hace la voluntad del Padre.
- Los que preguntaban sabían la respuesta sobre Juan y calcularon lo que les costaba decirla; una iglesia que decide por el qué dirán se les parece.
- Los publicanos y las rameras van delante al Reino: en la viña no cuenta de dónde venimos sino si fuimos.
El episodio completo está en YouTube:
Sí, señor, voy… y no fue · Mateo 21:23-32: Ve el episodio 56 de Domingo a Domingo
Jesús cuenta esta historia en el templo, delante de los mismos que acaban de preguntarle con qué autoridad hace lo que hace. Un hombre tenía dos hijos. Al primero le dice: «Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña».
«No quiero.» Así contesta, sin rodeos y delante de su padre. Esa frase no la pondríamos en el boletín del domingo. Pero después, arrepentido, fue. Cuánto tardó ese después y qué lo hizo cambiar, el texto se lo calla. Solo sabemos que fue.
El segundo contesta como contestaríamos nosotros: «Sí, señor, voy.» Esa respuesta la conocemos bien. La hemos dicho de pie al final de un himno, en la reunión de la junta cuando alguien tenía que encargarse de algo, en el altar con los ojos aguados. Tiene la cortesía de un hijo bien criado y suena a iglesia. Pareciera completa. Solo le faltó ir.
La historia termina en pregunta: ¿cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Se contesta mirando la viña. Lo que cada uno dijo en la puerta, con cortesía o sin ella, se quedó en la puerta, y en la viña se ve quién llegó.
Jesús se lo aplica ahí mismo a los principales sacerdotes y a los ancianos, en su propia casa: «los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios». Los que la gente de bien señalaba con el dedo, los que no tenían nada que presentar a la puerta del templo, le creyeron a Juan y se pusieron en camino. Los que tenían todo para entrar se quedaron mirando.
Esto nos toca primero a nosotros, a los que tenemos el «sí, señor» más ensayado. Los que predicamos, los que presidimos, los que llevamos años en la iglesia sabemos contestar como se debe, y por eso mismo podemos pasarnos la vida contestando bien y trabajando poco. Decirle que sí a Dios no es una manera de posicionarnos en la comunidad ni de ganarnos un título; es empeñar la palabra. Hay que tomarlo con respeto, con sabiduría y con mucha seriedad. En la obra del Señor se reciben bendiciones y se ven milagros, y aun así el corazón se nos puede ir detrás de lo que luce bonito en el culto mientras la gente en necesidad sigue esperando. Seguimos siendo igual de pecadores que cualquiera otro, y en la viña hay trabajo para todos.
En nuestros bancos se sientan muchos que conocen de memoria su propio «no quiero», y algunos lo sostuvieron por años. Nos reconocemos casi todos en ese hijo. El evangelio de esta semana nos lo dice a cada uno: nunca se ha tratado de tu pecado ni de tu flaqueza, ni de lo que traías cuando llegaste; se trata de lo que Dios está haciendo contigo y de que un día fuiste. Por eso vas delante, vengas de donde vengas.
Hay una manera de predicar esta parábola que se queda peleando con los religiosos de cualquier siglo. Hay otra que levanta a la gente humilde, a los que hemos escogido mirar hacia el Reino y ponernos a trabajar en él.
El padre le habló al segundo hijo de la misma manera que al primero. La orden no cambió de un hijo a otro, y tampoco ha cambiado para nosotros. Para el que dijo que sí y todavía no ha salido, y para el que dijo que no y lleva tiempo dándole vueltas, la palabra sigue siendo la misma: «Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña».
Hoja de predicación · Domingo a Domingo
La viña contesta
Autoridad, obediencia y los que van delante
Mateo 21:23–32
Decimoctavo domingo después de Pentecostés · Propio 21 · Ciclo A · Verde · 27 de septiembre de 2026
Contexto histórico-cultural
La pregunta llega en el templo, mientras Jesús enseña. La hacen «los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo» (Mt 21:23): el círculo sacerdotal que administraba el santuario y los notables laicos de Jerusalén. En estos años el sumo sacerdocio era un cargo que el prefecto romano daba y quitaba. La pregunta «¿quién te dio esta autoridad?» la hace un liderato cuya autoridad también tenía quién se la diera, y que administraba el templo en buena relación con ese poder.
Para una congregación nuestra, el cobrador de impuestos es el agente de Hacienda o el de Rentas Internas federal: un empleo que si bien puede a veces caer mal, nadie lo piensa con una traición. En la Palestina del siglo I, el publicano cobraba peajes y tributos para un poder que respondía a Roma, en un sistema de arrendamiento que se prestaba a cobrar de más. Cargaba con dos acusaciones a la vez: servir al imperio y exprimir a su propio pueblo.
Las rameras estaban todavía más abajo. En una sociedad que medía a las personas por la honra propia y la de su casa, la mujer que vivía de vender su cuerpo había perdido la suya delante de todos. En la conversación notamos que los consideraban lo peor de lo peor, así es como los miraban los que interrogaban a Jesús.
Tres claves exegéticas
1. «Sí, señor, voy» ἐγώ, κύριε (egō, kyrie)
En griego el segundo hijo contesta apenas «yo, señor», sin verbo; la Reina-Valera de 1909 lo conservaba, «Yo, señor, voy», y la RVR60 lo vuelve «Sí, señor, voy». Suena a fórmula de disponibilidad, con el tratamiento de respeto que el «No quiero» del primero no lleva. El vocativo y la voluntad del padre ya aparecían juntos en el sermón del monte: «No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (Mt 7:21). Pareciera que la parábola pone en escena ese dicho.
2. «Pero después, arrepentido» ὕστερον μεταμεληθείς (hysteron metamelētheis)
El verbo es μεταμέλομαι, cambiar de parecer, lamentar lo hecho; Juan había abierto su predicación con otro, μετανοέω (Mt 3:2). La misma pareja de palabras cose la parábola con su aplicación: el primer hijo «después, arrepentido, fue» (Mt 21:29), y a los principales sacerdotes Jesús les dice «no os arrepentisteis después para creerle» (Mt 21:32). En la parábola, el cambio de parecer termina en camino; en la aplicación, habría terminado en fe. El verbo aparece una sola vez más en el evangelio, cuando Judas, «arrepentido», devuelve las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos (Mt 27:3), el mismo grupo de este capítulo.
3. «Van delante de vosotros» προάγουσιν (proagousin)
El verbo describe a quien va al frente en un camino. Mateo lo usa para la estrella que iba delante de los magos (Mt 2:9), para la multitud que iba delante de Jesús al entrar en Jerusalén, en este mismo capítulo (Mt 21:9), y para el Resucitado que «va delante de vosotros a Galilea» (Mt 28:7; Mt 26:32), con la misma expresión que en nuestro versículo. Está en presente: los publicanos y las rameras van ya al frente de la comitiva, y los principales sacerdotes y los ancianos quedan detrás.
Hilo teológico
La pregunta del versículo 23 usa una palabra que Mateo ha venido cargando: autoridad (ἐξουσία). La gente se admiró de que Jesús enseñara «como quien tiene autoridad, y no como los escribas» (Mt 7:29); con esa autoridad perdona pecados (Mt 9:6) y se la da a los doce (Mt 10:1), y el evangelio cierra con «toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra» (Mt 28:18). En el templo, los que lo interrogan quieren saber de dónde le viene mientras enseña.
Jesús dice que no les contestará, y en la conversación notamos que les contesta enseguida, a su manera. La autoridad alternativa que les plantea sobre Juan, del cielo o de los hombres, es también la suya, y la parábola se inclina por el cielo sin nombrarlo. Siguiendo la lógica del texto, la autoridad viene de atender a Dios, y Jesús la ejerce haciendo que otros obedezcan. Sin decirlo de forma explícita, esa función lo acerca a un lugar mesiánico.
Juan vino «en camino de justicia» (Mt 21:32), la justicia que Jesús quiso cumplir al bautizarse (Mt 3:15) y la que tiene que ser mayor que la de los escribas y fariseos para entrar en el reino (Mt 5:20). La voluntad del Padre se hace en ese camino, y pareciera que el Hijo que en Getsemaní dirá «hágase tu voluntad» (Mt 26:42) es quien, sin nombrarse, está contestando la pregunta del versículo 23.
Tres ángulos homiléticos
A. «¿Del cielo o de los hombres?»
Se podría predicar la deliberación de los versículos 25 y 26 como un espejo. Los que preguntan saben la respuesta sobre Juan, sacan la cuenta de lo que les costaría decirla y contestan «no sabemos». En la conversación lo llamamos tomar postura por el qué dirán: la iglesia también asume o esquiva los asuntos públicos según lo que diga la gente, y no según los valores del Reino. La pregunta de Jesús se le puede devolver a la congregación: si esto es asunto de justicia, ¿de dónde viene nuestra respuesta, del cielo o de los hombres?
B. El templo acomodado
Se podría leer la pregunta desde quiénes la hacen. Si pensamos en la aristocracia sacerdotal, pensamos en un liderato que debía su puesto al poder de turno y administraba el templo desde esa comodidad mientras la gente pasaba trabajo. Podemos preguntarnos, sin señalar a nadie más que a nosotros, dónde la iglesia se ha acomodado junto a los que tienen el poder y ha abandonado al que sufre, al pueblo de Dios y a la misma Palabra.
C. Hojas y ningún fruto
Mateo pone la higuera justo antes de esta escena (Mt 21:18–22): un árbol con hojas y ningún fruto, que se seca. Se podría predicar la parábola con ese árbol al fondo. El segundo hijo tiene todas las hojas, la respuesta correcta, las buenas formas, la apariencia de cercanía con Dios, y ningún fruto. En la conversación lo dijimos de la máscara religiosa: quien se cree más santo que los demás y ni siquiera hace lo que dijo que haría termina por debajo de los que considera lo peor. Unos versos más adelante, el reino será dado «a gente que produzca los frutos de él» (Mt 21:43).
Ilustración y aplicación contextual
En nuestras iglesias conocemos el elogio: «¡Ay, tú eres líder en la iglesia, qué bueno!», «¿A qué iglesia tú vas? ¿Tú sirves ahí?». Conocemos también la foto: alguno de nosotros entregándole un plato de comida a un deambulante mientras otro levanta el celular para que se vea. En la conversación la imagen no necesitó explicación: fotos así sobran en las redes de nuestras iglesias. El plato llega igual con foto o sin ella. Lo que la foto puede cambiar es a quién le estamos contestando cuando servimos: al Padre que nos mandó a la viña o a los que van a darle «me gusta». Mateo ya había advertido contra hacer la justicia «delante de los hombres, para ser vistos de ellos» (Mt 6:1). Quisiéramos que nuestra gente sirva igual cuando nadie está grabando.
Breves notas sobre el género literario
El pasaje junta dos formas. Los versículos 23 al 27 son una controversia: pregunta hostil, contrapregunta, deliberación y una salida que deja a los que interrogaban sin respuesta. Los versículos 28 al 32 son una parábola breve que Jesús cierra con una pregunta, y funciona como lo que se ha llamado parábola jurídica: el oyente dicta sentencia sobre un caso ajeno y descubre que se ha juzgado a sí mismo. Así le pasó a David con Natán (2 S 12:1–7), y así funciona la canción de la viña de Isaías, que les pide a los oyentes «juzgad ahora entre mí y mi viña» (Is 5:3). En la conversación lo dijimos a nuestra manera: era el momento de quedarse callados, y contestaron «el primero». La parábola de los dos hijos solo aparece en Mateo.
Breves notas sobre la estructura
La perícopa tiene dos tableros. En el primero (Mt 21:23–27), la pregunta por la autoridad recibe otra pregunta y termina en un «no sabemos». En el segundo (Mt 21:28–32), los mismos que no quisieron contestar responden sin titubeo: «el primero». Juan enmarca las dos mitades, con su bautismo en el versículo 25 y su camino de justicia en el 32, y el verbo creer las cose: «¿Por qué, pues, no le creísteis?» es lo que los líderes temen oír en el versículo 25, y Jesús lo dice de todos modos en el 32, donde creer aparece tres veces.
La escena abre una serie de controversias en el templo que llega hasta Mt 22:46. Viene después de la entrada en Jerusalén (Mt 21:1–11) y de la acción en el templo (Mt 21:12–17), a las que pareciera referirse el «estas cosas» de la pregunta. Con la parábola de los labradores (Mt 21:33–46) y la del banquete de bodas (Mt 22:1–14), la de los dos hijos forma un tríptico de parábolas de juicio frente al liderato del templo.
Pregunta para la comunidad
Domingo a Domingo · Episodio 56 · domingoadomingo.com
1. Mateo nombra con precisión a los que interrogan: los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo (21:23), el mismo par que vuelve en la pasión (26:47; 27:1, 3). Los principales sacerdotes eran el círculo del sumo sacerdote, que Hechos asocia con los saduceos (Hch 5:17), y los fariseos se suman al auditorio al final de la parábola siguiente (21:45), de modo que los dos grupos que se mencionaron al aire terminan escuchando lo mismo. Josefo cuenta que el prefecto Valerio Grato quitó y puso sumos sacerdotes cuatro veces en pocos años hasta dejar el cargo en José Caifás, el sumo sacerdote de la pasión.
Fuente: Flavio Josefo, Antigüedades judías 18.33-35 (trad. W. Whiston) — https://lexundria.com/j_aj/18.33-35/wst
2. Josefo, el historiador judío del siglo I, confirma el arrastre de Juan: lo presenta como un hombre bueno que llamaba a practicar la justicia con el prójimo y la piedad hacia Dios, y cuenta que Herodes Antipas lo mandó a matar por miedo a su influencia sobre las multitudes. Mateo repite casi la misma fórmula tres veces: Herodes «temía al pueblo; porque tenían a Juan por profeta» (14:5), los principales sacerdotes dicen «tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta» (21:26), y al cierre del capítulo «temían al pueblo, porque éste le tenía por profeta» (21:46), ahora de Jesús.
Fuente: Flavio Josefo, Antigüedades judías 18.117-118 (trad. W. Whiston) — https://lexundria.com/j_aj/18.117-18.118/wst
3. En una sociedad de honor y vergüenza, la autoridad de alguien descansaba en el honor que le reconocían: uno heredado de la familia de origen y otro ganado en público, derrotando a los contrincantes en la discusión. A los ojos de los que lo interrogaban, Jesús no tenía el primero, y esta escena muestra cómo se ganaba el segundo: los que lo interrogan se quedan sin respuesta delante de la gente que lo escuchaba enseñar, y el honor cambia de lado.
Fuente: Osvaldo Vena, «Comentario del San Mateo 21:23-32», Working Preacher — https://www.workingpreacher.org/commentaries/revised-common-lectionary/ordinary-26/comentario-del-san-mateo-2123-32-2
4. τελῶναι (τελώνης, telōnēs): recaudador de peajes y tributos; el mismo término en 5:46; 9:10-11; 11:19 y 18:17. Los de los evangelios eran, con toda probabilidad, recaudadores de impuestos indirectos sentados en casetas junto a los caminos; en Galilea cobraban para Herodes Antipas, que gobernaba bajo Roma. La lectura que se hizo al aire es correcta, y además explica por qué los evangelios los agrupan con los pecadores, los gentiles y las rameras: el descrédito venía de servir a un poder sostenido por el imperio. El mismo evangelio llama al apóstol «Mateo el publicano» (10:3).
Fuente: Kimberley Fowler, «Mark 2:14-17», Judaism and Rome — https://www.judaism-and-rome.org/mark-214-17
5. πόρναι (πόρνη, pornē): prostituta; en Mateo, solo en 21:31-32. Es la palabra griega corriente para la mujer que vende su cuerpo, y nada en la escena la vincula con un culto. La RVR60 usa «ramera» para dos términos hebreos distintos, qedeshah y zonah (Dt 23:17-18), y al primero se le ha asociado la idea de una prostitución sagrada que buena parte de la investigación reciente pone en duda; conviene separarlas porque nombran cosas distintas.
Fuente: Stephanie Lynn Budin, The Myth of Sacred Prostitution in Antiquity (Cambridge University Press, 2008) — https://www.cambridge.org/gb/universitypress/subjects/classical-studies/classical-literature/myth-sacred-prostitution-antiquity
6. Dan González Ortega lee la deliberación de los versículos 25 y 26 como la escena de un liderato que calcula tan bien lo que le cuesta cada respuesta que se queda sin libertad para admitir lo que sabe. Su comentario, escrito para el Propio 21 del ciclo A, trabaja además el verbo del cambio de parecer desde la idea hebrea de volver al camino.
Fuente: Dan González Ortega, «Comentario del San Mateo 21:23-32», Working Preacher — https://www.workingpreacher.org/commentaries/revised-common-lectionary/ordinary-26/comentario-del-san-mateo-2123-32-6
Que el Padre que hoy te manda a su viña convierta tu «no quiero» en camino y no deje que tu «sí, señor» se te quede en la boca.
S. Febo
23 de septiembre de 2026
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