Después de dos semanas en Mateo 18, con la corrección entre hermanos y el perdón sin tope, la pregunta de quién es el mayor en el Reino llega a una viña donde el dueño paga lo mismo a los que entraron al amanecer y a los que entraron a las cinco de la tarde. Nos acompañó por primera vez la pastora Gretzaly Sánchez Ledesma, de la Iglesia Metodista Emanuel de Villa Palmeras. Trajo a la mesa una palabra del texto griego y una pregunta que sostuvo toda la conversación: por qué Mateo pone esta parábola donde la pone, tan cerca del final de la vida de Jesús. Si te perdiste la conversación anterior, aquí la tienes: El exceso cambia de bando; del canto de Lamec a los diez mil talentos - Mateo 18:21-35

Tres ideas clave de nuestra conversación:

  1. Mateo coloca la viña al final de una cadena de preguntas sobre el mayor, la riqueza y la recompensa, a las puertas del tercer anuncio de la pasión.
  2. La queja de los primeros, «los has hecho iguales a nosotros», se puede leer como equivalencia: el mismo valor en horas e historias distintas.
  3. La parábola nos cambia de fila: de los que se quejan desde la primera hora a los que reciben el denario sin haber llegado a tiempo.

El episodio completo está en YouTube:
Fracciones equivalentes en la viña · Mateo 20:1-16 (Ep. 55)


Comentario a Mateo 20:1-16: nadie llegó a tiempo

Cae la tarde en la viña y el dueño da una orden: que el mayordomo pague primero a los últimos. Los que entraron a las cinco pasan al frente y reciben un denario, el jornal de un día entero. Los que llevan en la viña desde que salió el sol ven la escena y hacen la cuenta: si a estos les tocó un día completo por una hora, a ellos les toca más. Nosotros habríamos sacado la misma cuenta.

Les tocó lo mismo. De ahí sale una queja que conocemos de memoria, porque la hemos dicho con otras palabras: los has hecho iguales a nosotros.

Hagamos la cuenta del dueño. Si la paga hubiera sido por horas, al que entró a las cinco le habría tocado la doceava parte del jornal. Una fracción. Con una fracción de jornal no se sirve la mesa de nadie. Ese hombre también regresa a su casa esa noche, y en su casa, como en la de los otros, habrá quien espere. El que empezó al amanecer y el que empezó al final vuelven al mismo problema, alimentar a los suyos mañana. El dueño paga como quien mira esa mesa, y a esa mesa nadie le pregunta a qué hora empezó el jornal.

¿Por qué estaban en la plaza los del mediodía, los de la tarde? El texto no los llama vagos. El dueño les pregunta por qué llevan todo el día ahí sin hacer nada, y la respuesta es: nadie nos ha contratado. Hay gente que se pasa el día esperando que alguien la llame. Hay oportunidades que se le fueron a uno por razones que no se ven desde la primera fila.

Los de la primera hora recibieron exactamente lo que pactaron. Lo que les duele es el denario en la mano del otro. Ellos dijeron iguales. En nuestra conversación preferimos otra palabra: equivalentes. En la escuela aprendimos que un medio y dos cuartos son fracciones equivalentes. Se escriben distinto, llevan números distintos y valen lo mismo. Así pareciera mirar el dueño a su gente. Al que llegó a las cinco nadie le pide que se convierta en el del amanecer, y al del amanecer nadie le pide que olvide el calor que aguantó. Cada cual trae su hora, su historia y su forma, y en cada mano cae el mismo valor.

Cuando en la iglesia confundimos igualdad con uniformidad, terminamos pidiéndole al otro que se parezca a nosotros. Queremos que venga hasta donde estamos, sin dar un paso hacia donde está. Así le restamos a nuestra gente su personalidad y sus experiencias, y nos restamos las nuestras. La belleza de la iglesia está en su diversidad: gente distinta, con el mismo valor delante del dueño de la viña.

Cuando leemos esta parábola, casi siempre nos sentamos con los de la primera hora. Llevamos años en la viña, y desde ese banco quejarse resulta fácil. Pero cuando uno se descubre entre los que entraron a las cinco, el denario se recibe con las dos manos. Se agradece. Se mira distinto al dueño que salió a buscarnos cuando ya nadie nos iba a llamar.

Nos pasa igual con la oveja perdida. Nos gusta contarnos entre las noventa y nueve, y a cada rato somos la que se fue. Algunas mañanas llegamos temprano. Muchas otras, en nuestra conducta, somos los que entraron a última hora. La iglesia se ha acomodado demasiado en su lugar de la fila.

Ninguno de nosotros llegó a tiempo. Todos estamos llegando tarde. Y aun así, tenemos el denario.

Hoja de predicación · Domingo a Domingo

Los has hecho iguales a nosotros

Justicia, bondad y equivalencia en la viña
Mateo 20:1-16

Decimoséptimo domingo después de Pentecostés · Propio 20 · Ciclo A · Verde · 20 de septiembre de 2026

I

Contexto histórico-cultural

La parábola se mueve dentro de la economía del jornal. El trato habitual era un denario por día (Mt 20:2), y el día de trabajo iba de la salida a la puesta del sol, unas doce horas (Jn 11:9). Las horas del relato se cuentan desde el amanecer: la tercera cae hacia las nueve de la mañana, la sexta al mediodía, la novena hacia las tres y la undécima hacia las cinco de la tarde, a una hora del cierre. La plaza (ἀγορά, agorá) era el lugar donde se esperaba contrato, y entre los que esperaban había campesinos que habían perdido su tierra por deudas y dependían del trabajo de cada día. La Ley mandaba pagarles antes de que se pusiera el sol, «pues es pobre, y con él sustenta su vida» (Dt 24:15; cf. Lv 19:13); RVR60 remite a ambos textos en el v. 8.

Mateo escribe para una comunidad en la que convivían creyentes de origen judío y creyentes venidos de las naciones, después de la destrucción del templo en el año 70 y en tensión con otros grupos judíos. Para esos oyentes, la pregunta de quién tiene más derecho dentro de la comunidad era cuestión de todos los días.

En la casa antigua, la mujer dependía del varón y el niño contaba poco hasta que podía aportar. Justo antes de la viña, Mateo presenta a Jesús ante la pregunta de si el marido puede repudiar a su mujer «por cualquier causa» (Mt 19:3-9) y bendiciendo a los niños a pesar de la reprensión de los discípulos (Mt 19:13-15). Las dos escenas tocan el valor de quienes menos contaban, y la parábola retoma esa misma pregunta.

II

Tres claves exegéticas

1. «Lo que sea justo» δίκαιον (dikaion)

A los primeros el dueño les fija la paga: pacta con ellos un denario al día (Mt 20:2). A los de la hora tercera les promete «lo que sea justo» (ὃ ἐὰν ᾖ δίκαιον, v. 4), y RVR60 repite la promesa en el v. 7. La medida queda en manos del dueño, y lo esperable era una paga menor que el jornal completo. Al final, la misma raíz vuelve en negativo: «Amigo, no te hago agravio» (οὐκ ἀδικῶ σε, v. 13). Con unos, el dueño cumplió el contrato; con los otros, definió él mismo lo justo. El conflicto del relato gira alrededor de quién fija ese criterio.

2. «Los has hecho iguales a nosotros» ἴσους (isous)

La queja del v. 12 acusa al dueño de una acción: ἴσους ἡμῖν αὐτοὺς ἐποίησας, «los hiciste iguales a nosotros». Los primeros cobraron lo pactado; lo que reclaman es la nivelación, y quien nivela es el dueño. En la conversación leímos el adjetivo en clave de equivalencia: lo que el dueño iguala es el valor del jornal, y cada grupo conserva su hora y su cansancio.

3. «¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?» ὀφθαλμὸς πονηρός (ophthalmos ponēros)

El griego dice literalmente «¿o tu ojo es malo porque yo soy bueno?» (ὁ ὀφθαλμός σου πονηρός ἐστιν ὅτι ἐγὼ ἀγαθός εἰμι). El ojo malo es la mirada mezquina ante lo que se le da a otro: la misma figura de Dt 15:9, que advierte contra mirar «con malos ojos» al hermano menesteroso para no darle, y la de Mt 6:23, dentro de la enseñanza sobre el tesoro y las riquezas. El verso enfrenta dos adjetivos, malo (πονηρός) y bueno (ἀγαθός), y el segundo ya se oyó en el capítulo anterior, cuando Jesús le dice al joven rico que «ninguno hay bueno sino uno: Dios» (Mt 19:17). Pareciera que el dueño se describe con la palabra que Jesús reservó para Dios.

III

Hilo teológico

La pregunta que abre el capítulo 18, «¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?» (Mt 18:1), recorre dos capítulos antes de llegar a la viña, y la viña la contesta desde la paga: todos reciben el denario, y el valor de cada obrero lo pone el dueño. En la conversación lo dijimos así: la respuesta a quién es el mayor es ninguno, en el mejor sentido de la palabra, porque el peso está en lo que Dios hace con nuestra vida.

La parábola desplaza el criterio de la justicia. Los primeros la miden por horas trabajadas; el dueño la ejerce desde su bondad. Entre las lecturas del Antiguo Testamento que el leccionario propone para este domingo está Jon 3:10–4:11: el profeta se enoja precisamente porque sabía que Dios es clemente y piadoso (Jon 4:2), y el libro termina con una pregunta de Dios que queda sin respuesta (Jon 4:11). La parábola termina igual, con la pregunta del dueño en el aire (Mt 20:15). Jonás y los de la primera hora comparten el mismo enojo ante la misericordia que alcanza a otros.

Así la gracia desarma la lógica del mérito sin despreciar la jornada de nadie: a los primeros se les cumple lo pactado, y a los últimos se les da lo que no podían reclamar.

IV

Tres ángulos homiléticos

A. La viña en su lugar

Se podría predicar la parábola entre sus dos vecinos: la pregunta de Pedro, «¿qué, pues, tendremos?» (Mt 19:27), y la madre de los hijos de Zebedeo, que pide para ellos la derecha y la izquierda en el reino (Mt 20:20-21). Entre una escena y otra, Jesús anuncia por tercera vez su muerte (Mt 20:17-19). Leída ahí, la viña responde a una comunidad que pregunta por premios y puestos mientras su Señor sube a Jerusalén. Mateo pudo colocar esta enseñanza de Jesús en otro lugar, y la colocó a las puertas de la pasión.

B. Desde los de la primera hora

Se podría invertir la queja. Los que llegaron temprano tuvieron más viña: más horas bajo el cuidado de un dueño bondadoso, más tiempo para aprender de él cómo se trata a la gente. En esta lectura, el denario es un beneficio secundario y la ganancia mayor está en la jornada misma. La parábola conversa aquí con el hermano mayor del hijo pródigo, a quien el padre le recuerda: «Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas» (Lc 15:31). Cuando reducimos el servicio a un intercambio de títulos, reconocimientos o salarios, leemos la viña con ojos de consumidor. Quien sirve desde temprano tiene doble motivo de gratitud: el Señor lo invitó, y ha podido participar.

C. Hacia adentro del ministerio

Se podría llevar la misma pregunta al modo en que ordenamos el ministerio. Entre nosotros hay categorías, del pastorado local a la superintendencia y el episcopado, y el discurso de la iglesia afirma que somos iguales. Queda la pregunta de si lo vivimos así. En la conversación la dejamos en suspenso, y quizá convenga dejarla igual desde el púlpito, para que cada comunidad la conteste.

V

Ilustración y aplicación contextual

En nuestras congregaciones, la queja de la primera hora tiene frases conocidas: «Llevo cincuenta años en esta iglesia», «¿cuántos años llevo sirviendo aquí?». Con la antigüedad llegan los reclamos: el puesto, la autoridad que se tiene y la que se le reconoce, y hasta el derecho a sentarse y hacer menos porque se ha estado toda la vida en la iglesia. Aunque hoy muchos digan que solo quieren trabajar, la pregunta por la autoridad sigue viva entre nosotros.

Otra frase se dice en voz más baja, como el murmullo del v. 11: «Qué injusto que esa persona haya vivido toda la vida en el mundo, se arrepienta al final y se vaya al cielo, cuando uno le ha dedicado la vida entera al Evangelio». La respuesta del dueño a esa frase está en el v. 15.

Si pasamos la viña a nuestro reloj, la escena es un turno de sol a sol. Unos ponchan al amanecer, otros al mediodía, otros a las cinco de la tarde, cuando ya casi nadie contrata, y a las seis se cierra. El que ponchó a las cinco cobra el día completo.

VI

Breves notas sobre el género literario

Parábola del Reino, exclusiva de Mateo, introducida con la fórmula «el reino de los cielos es semejante a» (ὁμοία ἐστίν). La comparación abarca la escena entera: el dueño que sale, la plaza, la paga y la queja. Por eso se lee por su movimiento, y el dueño apunta a Dios por analogía, sin ser su retrato en cada detalle.

El relato junta realismo (jornaleros, plaza, mayordomo, jornal) con un giro que rompe la expectativa: el orden de la paga y el monto igual. El Talmud de Jerusalén (Berajot 2:8) conserva una parábola hermana, de redacción posterior: un rey paga el jornal completo a un obrero que trabajó dos horas, y lo justifica porque en ese tiempo rindió más que los demás en todo el día. En Mateo, el dueño alega una sola razón, su bondad (v. 15).

VII

Breves notas sobre la estructura

El mismo dicho enmarca la parábola en Mt 19:30 y Mt 20:16. En griego, 19:30 empieza por los primeros y 20:16 por los últimos, un quiasmo que RVR60 no conserva porque en 20:16 vuelve a nombrar primero a «los primeros». Dentro del marco: la contratación en cinco salidas (vv. 1-7), la orden de pagar empezando por los postreros (v. 8), la paga y la queja (vv. 9-12), la respuesta del dueño con tres preguntas y una declaración, «quiero dar a este postrero, como a ti» (vv. 13-15), y el dicho final (v. 16). El orden de la paga mueve el relato: si los primeros hubieran cobrado primero, se habrían ido sin ver nada.

En el arco mayor, Sicre lee Mt 18:1–20:16 como la formación de los discípulos: primero los peligros (la ambición, el escándalo y el descuido de los pequeños, 18:1-14), luego las obligaciones (la corrección y el perdón, 18:15-35) y al final una cadena de desconciertos ante el matrimonio (19:3-12), los niños (19:13-15), la riqueza (19:16-29) y la recompensa (19:30–20:16). La viña cierra esa cadena.

VIII

Pregunta para la comunidad

¿En qué fila nos sentamos cuando leemos esta parábola, con los del amanecer o con los de las cinco? ¿A quién le estamos cobrando todavía la hora en que llegó?

Domingo a Domingo · Episodio 55 · domingoadomingo.com

Para profundizar: notas y fuentes

1. ἴσους (ἴσος, isos): igual en cantidad o en calidad; en Mateo, solo en 20:12. En el resto del Nuevo Testamento describe los testimonios contra Jesús que no concordaban entre sí (Mc 14:56, 59), la acusación de hacerse igual a Dios (Jn 5:18; cf. Flp 2:6) y, en Hechos 11:17, «el mismo don» que Dios dio a los gentiles y a los primeros creyentes: con esa palabra Pedro defiende ante Jerusalén a los que llegaron después. El sustantivo de la misma familia, ἰσότης, es la igualdad que Pablo pide entre las iglesias en 2 Corintios 8:13-14, y en Colosenses 4:1 aparece junto a lo justo, en la relación entre amos y siervos.
Fuente: Thayer, Greek-English Lexicon of the New Testament, s. v. ἴσος, ἰσότης — https://www.blueletterbible.org/lexicon/g2470/kjv/tr/0-1/

2. El comentario en español de Working Preacher para este mismo domingo ve en ísous el término decisivo del pasaje y relaciona su raíz con la equivalencia y la nivelación. El mismo comentario recuerda que el denario, aunque en teoría era la paga justa de una jornada, apenas cubría el pan de una familia por un día. Para el autor, lo que la parábola pone sobre la mesa es el sustento que la bondad de Dios les garantiza a los últimos.
Fuente: Dan González Ortega, «Comentario del San Mateo 20:1-16», Working Preacher (20 de septiembre de 2026) — https://www.workingpreacher.org/commentaries/revised-common-lectionary/ordinary-25/comentario-del-san-mateo-201-16-6

3. Sobre la comunidad de Mateo, Sicre propone una lectura concreta. Los creyentes de origen judío podían sentirse con más derecho, por una alianza de siglos, la circuncisión, la Ley cumplida y el sábado guardado, y el anuncio de una recompensa igual para los paganos recién convertidos podía causar roces. En el reproche final ve un diagnóstico de envidia, y traslada la escena a los cristianos de toda la vida frente a quienes aparecen por el templo solo para bodas y funerales. Advierte también que la invitación de las cinco de la tarde sigue siendo una invitación a trabajar, aunque sea una hora.
Fuente: José Luis Sicre, «¿Injusticia o bondad? Marruecos, Libia y la alternativa de Pablo. Domingo 25. Ciclo A», El evangelio del domingo (2023) — http://elevangeliodeldomingojlsicre.blogspot.com/2023/09/injusticia-o-bondad-marruecos-libia-y.html

4. ἐγόγγυζον (γογγύζω, gongyzō): murmurar, quejarse en voz baja; en Mateo, solo en 20:11. Es el verbo de la Septuaginta para las quejas de Israel en el desierto (Nm 14:29; 16:41), y Pablo lo recoge como advertencia en 1 Corintios 10:10. El relato del maná, la otra lectura del Antiguo Testamento que el leccionario propone para este domingo, empieza con esa misma murmuración contra Moisés y Aarón (Éx 16:2).
Fuente: Thayer, Greek-English Lexicon of the New Testament, s. v. γογγύζω — https://www.blueletterbible.org/lexicon/g1111/lxx/lxx/0-1/

5. El v. 16 en RVR60 termina con «porque muchos son llamados, mas pocos escogidos». Algunos manuscritos añaden esa frase, propia del cierre de la parábola de la boda (Mt 22:14), y la añadidura ya funciona como interpretación: leída aquí, inclina la parábola hacia la exclusión, cuando el relato entero trata de un dueño que paga completo a los últimos. RVR60 la imprime porque sigue esa tradición de manuscritos, y conviene tenerlo presente al leer el texto en voz alta.
Fuente: Osvaldo Vena, «Comentario del San Mateo 20:1-16», Working Preacher (2011) — https://www.workingpreacher.org/commentaries/revised-common-lectionary/ordinary-25/comentario-del-san-mateo-201-16-2

6. La frase «pensar y dejar pensar», que salió en la conversación a propósito de la diversidad en la iglesia, viene de John Wesley. En El carácter de un metodista (1742) escribe que, en cuanto a las opiniones que no tocan la raíz del cristianismo, los metodistas piensan y dejan pensar, y que esas opiniones no son la marca que los distingue. En el mismo tratado pone esa marca en el amor a Dios y al prójimo, y ofrece la mano de comunión a quien ama y sirve a Dios.
Fuente: John Wesley, The Character of a Methodist, en The Works of John Wesley, ed. Thomas Jackson (1872) — https://pages.uoregon.edu/sshoemak/323/texts/Wesley Character.htm


Que el Señor de la viña te encuentre en la plaza, aunque sea la hora undécima, y que su bondad te pague el día entero.

S. Febo
15 de septiembre de 2026