Seguimos en Mateo 18. La semana pasada conversamos sobre cómo se confronta al hermano que peca; esta semana Pedro pregunta hasta cuándo se le perdona, y Jesús le responde con una cifra y con una parábola. Nos acompañó el Rvdo. Efraín Pizarro, pastor de la Iglesia Metodista de Vistamar, en Carolina, contador de profesión y por años auditor de impuestos. Lo que logró que la parábola del siervo que no perdonó se leyera esta vez con los libros de cuentas abiertos sobre la mesa. Si te perdiste la conversación anterior, aquí la tienes: Reconciliación sin humillación; el lugar santo donde se sientan dos - Mateo 18:15-20

Tres ideas clave de nuestra conversación del texto para hoy:

Setenta veces siete es la cifra con la que Lamec cantaba su venganza en Génesis 4; Jesús toma el mismo exceso y lo pone del lado de la misericordia.

El rey de la parábola perdona, espera perdón y pide cuentas, como Dios; pero el Reino es semejante a ese rey, y semejante no es igual: Dios no necesita torturadores para saber lo que hacemos.

Perdonar es una decisión y después un proceso: lo que pasó sigue en la memoria, pero pierde el poder de hacer renacer el rencor.

El episodio completo en YouTube:

¿Quién perdona una deuda impagable? · Mateo 18:21-35 (Ep. 54) · Mateo 18:21-35 (Ep. 54) - https://youtu.be/iqWo_I-xGeY

Comentario a Mateo 18:21-35: la cuenta que el rey cerró

Pedro pregunta hasta cuándo. Siete veces le parecía generoso, y para muchos maestros de su pueblo, tres bastaban. Jesús le contesta con un número que tiene historia. Setenta veces siete es lo que canta Lamec en Génesis 4. Caín mató a su hermano y Dios le puso una marca para frenar la sangre: quien lo toque pagará siete veces. Cinco generaciones después, un descendiente suyo se para frente a sus dos mujeres y presume: un muchacho me hirió y lo maté; si a Caín lo vengan siete veces, a mí setenta veces siete. Está en verso. Es un canto. La violencia convertida en poema y en orgullo de familia.

Jesús agarra esa misma cifra y le cambia la dirección. El exceso que Lamec celebraba para la venganza, el Reino lo exige para la misericordia. Pedro pedía un tope y Jesús le enseña del amor de Dios. La parábola que sigue se encarga de que nadie pueda tomar el número como aritmética.

Diez mil talentos. Para un jornalero, un denario era el día. Un talento, seis mil días. Diez mil talentos son más de ciento sesenta mil años de jornal, la deuda más grande que se podía decir con el número más grande que tenía el idioma. Nadie la paga en una vida ni en varias. El siervo se postra y promete pagarlo todo, y esa promesa es la parte más triste de la escena, porque es imposible y él lo sabe. El rey no la toma en serio. Le tiene compasión, lo suelta y borra la deuda.

El rey no perdona porque la deuda fuera pequeña. Perdona porque es impagable. Ese es el orden del perdón de Dios con nosotros: nos condona lo que nunca íbamos a poder pagar.

El mismo hombre sale, encuentra a un compañero que le debe cien denarios, tres meses de trabajo, y lo agarra por el cuello. Escucha la misma súplica que él acababa de hacer, palabra por palabra, y la rechaza. Cualquiera que haya llevado libros entiende lo que pasó: a este hombre le cerraron la cuenta, y salió a cobrar la suya como si nada. Recibió la misericordia como una transacción y nunca la convirtió en una práctica. Por eso los compañeros se entristecen. Ellos vieron las dos escenas y saben que la segunda contradice la primera.

Mateo cierra con tres palabras: de todo corazón. Perdonar de la boca para afuera es fácil; lo hacemos todo el tiempo. Sin embargo, perdonar de corazón exige una decisión. Hablamos mucho de esto en este episodio: perdonar es decisión antes que sentimiento, y después es proceso. El coraje se va después de la decisión, casi nunca antes. Hay quien lleva años esperando a que se le pase para entonces perdonar, y así no se le pasa nunca.

Y tampoco es olvido. La frase «perdono, pero no olvido» se usa entre nosotros como coartada para guardar el rencor con permiso. Debería significar otra cosa. Uno no olvida, porque el hecho pasó y la memoria lo guarda. Perdonar es darle otro significado a lo que pasó, para que al ver a esa persona, aunque vuelva el recuerdo, ya no vuelva el odio.

Hoja de predicación · Domingo a Domingo

Perdonar hasta donde no alcanza la cuenta

Diez mil talentos, cien denarios y un perdón que se decide
Mateo 18:21-35

Decimosexto domingo después de Pentecostés · Propio 19 · Ciclo A · Verde · 13 de septiembre de 2026

I

Contexto histórico-cultural

La parábola trabaja con dos monedas reales. El denario era el jornal de un día (Mt 20:2); el talento, la unidad mayor, equivalía a seis mil denarios en el cómputo ático. Cien denarios son unos tres meses de trabajo de un jornalero. Diez mil talentos son sesenta millones de denarios, más de ciento sesenta mil años de jornal. Para escala: según Josefo (Antigüedades 17.318-320), los ingresos anuales de todo el territorio de Herodes el Grande, repartido entre sus hijos, no llegaban a mil talentos. Diez mil talentos es más de diez años de recaudación de toda la tierra. Es también la suma que Amán ofrece pesar en el tesoro de Asuero para exterminar a los judíos (Est 3:9): en la Biblia, «diez mil talentos» funciona como cifra de lo desmesurado.

Los «siervos» de un rey en ese mundo eran funcionarios de alto rango, administradores que recaudaban tributos y respondían con su persona por lo recaudado. La venta del deudor y de su familia por deudas era práctica conocida en Israel (Éx 21:7; 2 R 4:1; Neh 5:5; Am 2:6), aunque la venta de la esposa y el uso de torturadores apuntan a una corte gentil, de tipo helenístico u oriental: un monarca absoluto que cobra sin tribunales. Sobre ese fondo, la pregunta de Pedro ya era generosa. La tradición rabínica posterior fijaba el perdón en tres veces, y a la cuarta no (Yoma 86b). Siete iba más allá de eso. Jesús va más allá de los siete.

II

Tres claves exegéticas

1. Semejante no es igual ὡμοιώθη (homoiōthē)

La parábola abre con «el reino de los cielos es semejante a un rey» (v. 23). El verbo es un aoristo pasivo, «se ha hecho semejante», y Mateo lo usa así solo tres veces para abrir una parábola: la cizaña (Mt 13:24), esta, y el banquete de bodas (Mt 22:2); en las tres hay un rey o un señor que actúa con dureza en algún momento. La fórmula pide una comparación de conjunto, no una equivalencia rasgo por rasgo. El rey se parece a Dios en tres movimientos: perdona una deuda impagable, espera que el perdonado perdone, y al final pide cuentas. Ahí termina la semejanza. Dios no vende familias, no necesita consiervos que le lleven el informe ni torturadores que le saquen la verdad. Leer la parábola movimiento a movimiento produce una imagen contradictoria de Dios; leerla como semejanza deja intacta su fuerza y su advertencia.

2. El rey hace lo que hace Jesús σπλαγχνισθείς (splanchnistheis) · ἀφῆκεν (aphēken)

«Movido a misericordia» (v. 27) traduce σπλαγχνισθείς, la compasión que se siente en las entrañas. Mateo usa este verbo cinco veces; en cuatro el sujeto es Jesús (Mt 9:36; Mt 14:14; Mt 15:32; Mt 20:34). La quinta es el rey de esta parábola: el único personaje de una parábola mateana al que se le atribuye la compasión de Jesús. Lo que hace a continuación se dice con dos verbos: lo soltó (ἀπέλυσεν) y le perdonó el préstamo (τὸ δάνειον ἀφῆκεν). Ese ἀφίημι es el verbo del Padrenuestro, «perdónanos nuestras deudas» (Mt 6:12), el de Mt 6:14-15 y el de la pregunta de Pedro (v. 21). En el vocabulario de Mateo, perdonar es soltar una deuda; la deuda del siervo (ὀφειλή, v. 32) y las deudas del Padrenuestro (ὀφειλήματα) son la misma palabra.

3. Lo que los ciegos le piden a Jesús ἐλεῆσαι (eleēsai)

En el v. 33 el rey cambia de verbo. Dice: «¿No debías tú también tener misericordia (ἐλεῆσαι) de tu consiervo, como yo tuve misericordia (ἠλέησα) de ti?». ἐλεέω es el verbo de la súplica de los que se acercan a Jesús: los dos ciegos (Mt 9:27), la cananea (Mt 15:22), el padre del muchacho (Mt 17:15), los ciegos de Jericó (Mt 20:30-31). «Ten misericordia de mí» es la oración que en Mateo siempre recibe respuesta. El rey le exige al siervo exactamente lo que la gente le pide a Jesús, y eso enlaza el texto con la bienaventuranza (Mt 5:7) y con el Oseas que Jesús cita dos veces: «misericordia quiero, y no sacrificio» (Mt 9:13; Mt 12:7). Lo que el perdonado no supo dar es un imperativo de todo el Evangelio.

III

Hilo teológico

La parábola responde a Pedro cambiando la pregunta. Pedro pregunta cuántas veces; la parábola pregunta de dónde sale el perdón. La respuesta tiene la forma que Mateo repite en todo el evangelio: primero el indicativo, después el imperativo. Dios ha perdonado; por lo tanto, perdona. El siervo falla en imitar lo que acaba de recibir, y el v. 33 lo dice con un «como»: como yo tuve misericordia de ti.

El orden importa. El perdón de Dios va primero, sin condiciones, ante una deuda que nadie podía saldar. Lo que viene después es la exigencia que ese perdón crea: quien lo recibió y lo retiene demuestra que lo trató como transacción y no como vida nueva. Mateo sostiene las dos cosas a la vez, gracia sin límite y exigencia sin límite, y las junta en Mt 6:14-15, donde la misma petición del Padrenuestro se vuelve advertencia. El v. 35 cierra con juicio, y hay que predicarlo con su peso: un perdón recibido que no se practica se pierde. Ese juicio se lee con la clave 1: lo que el Padre «hará» se mide por la semejanza del conjunto, con la seriedad del conjunto. Y la medida del perdón que se pide está en el mismo verso: «de todo corazón» (ἀπὸ τῶν καρδιῶν ὑμῶν, literalmente «desde sus corazones»). El criterio es la transformación, el mismo patrón de recibir y practicar que atraviesa el sermón del monte.

IV

Tres ángulos homiléticos

A. Empezar por de dónde nos sacó Dios

Este texto se ha predicado tanto que la congregación sabe el final antes del v. 24. Una salida sería casi no tocar la parábola al principio: una introducción larga sobre lo que Dios ha perdonado entre nosotros, lo que hemos superado, de dónde venimos, y entrar al texto solo cuando llegue el momento de la reciprocidad. Así la desproporción de la parábola cae sobre una congregación que ya reconoció su propia cuenta cerrada. Se podría cerrar con el Padrenuestro: perdonar al prójimo como parte de la adoración, cerrar la brecha con el hermano como manera de responderle a Dios.

B. La parábola se dispara para muchos lados

La deuda de la parábola es deuda de verdad: recaudación, esclavitud por deudas, un sistema en el que el rey, el siervo y el consiervo están atrapados en una misma cadena de cobros. Entre nosotros, la deuda tampoco es metáfora. Podríamos dejar que el texto pregunte por las estructuras que mantienen a la gente atrapada y por lo que una comunidad puede hacer para soltar a alguien: en lo económico, en lo familiar, en lo eclesial. Sin convertir el sermón en discurso político, pero sin espiritualizar una palabra que en el evangelio de Mateo también se refiere a dinero.

C. Los consiervos que vieron las dos escenas

Los compañeros ven lo que pasó, «se entristecieron mucho» y fueron a contarlo (v. 31). Mateo usa esa misma expresión para los discípulos cuando Jesús anuncia su pasión (Mt 17:23). Viene de la semana pasada: Mt 18:15-20 le dio a la comunidad un procedimiento y testigos; aquí la comunidad es testigo de una injusticia entre hermanos y actúa. Podríamos predicar desde ese banco: qué hacemos cuando vemos a dos de los nuestros que llevan años sin hablarse, si nos entristecemos y hacemos de puente o miramos para otro lado.

V

Ilustración y aplicación contextual

En una de nuestras congregaciones había una feligresa que llevaba más de veinte años sin hablarle a su papá. Se realizó un estudio bíblico sobre el perdón y ella lo tomó como lo que es: un proceso, con la vida corta como recordatorio. Tardó, pero un día se reconciliaron, se abrazaron, lloraron. Dos o tres años después el papá murió. Veinte años de rencor y tres de paz, y los tres valieron más que los veinte.

Otra escena de aquí: la gente que cruza la calle para no cruzarse con alguien con quien tiene un asunto pendiente. Se puede cruzar la calle en la otra dirección, acercarse y empezar a hablar; casi siempre lo que pasó termina en risa. Para el domingo, una dinámica sirve: que cada persona escriba en un papel cómo se siente con lo que carga, sin nombrar la situación, y lo deposite en una caja al frente. Los sermones sobre el perdón asustan; la gente sabe lo que tiene pendiente y prefiere no mirarlo. Nombrar el peso en un papel es un paso más pequeño que perdonar, y a veces es algo pequeño lo que falta para romper el hielo.

VI

Breves notas sobre el género literario

Parábola del Reino con aplicación explícita: el relato (vv. 23-34) y el nimshal (v. 35), introducido con «así también», siguiendo el patrón de las parábolas rabínicas de rey, en las que un monarca de carne y hueso sirve para hablar de Dios sin identificarse con él. La hipérbole es parte del género: diez mil talentos, torturadores, una súplica idéntica dos veces. Es una parábola de contraste: la fuerza está en la desproporción (diez mil talentos frente a cien denarios, una relación de seiscientos mil a uno) y en la simetría rota entre lo que el siervo recibe y lo que da. El género explica también por qué la pregunta de Pedro no recibe cifra: la parábola sustituye el número por el origen.

VII

Breves notas sobre la estructura

Vv. 21-22, pregunta y respuesta: Pedro repite la fórmula de 18:15, «si tu hermano peca contra ti» (el «contra ti» tiene apoyo desigual en los manuscritos de 18:15 y es firme en 18:21), y Jesús responde con la cifra de Gn 4:24. Vv. 23-27, primera escena, rey y siervo: súplica (v. 26) y liberación (v. 27). Vv. 28-30, segunda escena en espejo, siervo y consiervo: la misma súplica, palabra por palabra en RVR60, «Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo», y la respuesta contraria. Vv. 31-34, tercera escena: los consiervos como bisagra, y el rey devolviéndole al siervo su propia sentencia, «hasta que pagase todo lo que debía» (v. 34) repite «hasta que pagase la deuda» (v. 30). V. 35, la aplicación, con «de todo corazón».

Arco del capítulo: 18:1-5 (el niño), 6-9 (los escándalos), 10-14 (la oveja), 15-20 (el procedimiento), 21-35 (el límite del perdón); el discurso cierra en Mt 19:1 con la fórmula de transición. Leídos en secuencia, el procedimiento de 18:15-20 y la parábola se corrigen mutuamente: confrontar sin perdonar y perdonar sin confrontar son dos maneras de saltarse el capítulo.

VIII

Pregunta para la comunidad

¿Quién le pone el límite a nuestro perdón: Dios o nosotros? Cuando dos de los nuestros llevan años sin hablarse, ¿somos los consiervos que se entristecen y actúan, o los que miran para otro lado?

Domingo a Domingo · Episodio 54 · domingoadomingo.com

Para profundizar: notas y fuentes

Setenta veces siete y la canción de Lamec. ἑβδομηκοντάκις ἑπτά (hebdomēkontakis hepta): «setenta veces siete». La expresión es idéntica a la de la Septuaginta en Gn 4:24, donde el hebreo dice «setenta y siete»; Mateo cita la Biblia griega de su comunidad, y por eso la discusión sobre 77 o 490 es secundaria. Lo que Jesús cita es el canto de Lamec, quinta generación después de Caín (Gn 4:17-18), que presume ante sus dos mujeres de una venganza sin medida (Gn 4:23-24). La marca de Caín (Gn 4:15) ponía un tope a la violencia; Lamec convirtió ese tope en poema, y Jesús devuelve la fórmula con el signo cambiado. Fuente: Ulrich Luz, El evangelio según san Mateo III (Mt 18-25), Sígueme — https://www.sigueme.es/autores/ulrich-luz.html

Cuánto son diez mil talentos. Un talento equivalía a seis mil denarios en el cómputo ático; algunos comentaristas cuentan diez mil. El denario era el jornal de un día (Mt 20:2), así que diez mil talentos son entre sesenta y cien millones de denarios según el patrón, y en cualquiera de los dos más de ciento sesenta mil años de jornal. El numeral μύριοι (myrioi), «diez mil», era el más alto del griego, y el talento la unidad monetaria mayor: la cifra está construida para ser impronunciable. Para escala, Josefo (Antigüedades 17.318-320) reparte entre los hijos de Herodes el Grande unos ingresos anuales que en conjunto no llegan a mil talentos. Cien denarios son unos tres meses de trabajo; la relación entre las dos deudas ronda seiscientos mil a uno. Fuente: Martin Hoffmann, «Comentario del San Mateo 18:21-35», Working Preacher (Evangelio), 2023 — https://www.workingpreacher.org/commentaries/revised-common-lectionary/ordinary-24/comentario-del-san-mateo-1821-35-5

Analogía con intención. ὡμοιώθη (ὁμοιόω, homoioō): «se hizo semejante»; la misma apertura en Mt 13:24 y 22:2, y en futuro en Mt 25:1. La lectura que se hizo al aire es correcta, y además coincide con la definición de Snodgrass: una parábola es una analogía extendida con una intención retórica, y el hecho de que tenga elementos alegóricos (el rey se parece a Dios en tres movimientos) no autoriza a alegorizarlo todo (los torturadores, la venta de la familia, los consiervos delatores). La parábola es comunicación indirecta: habla de otro para hablar del oyente. Fuente: Klyne Snodgrass, Stories with Intent: A Comprehensive Guide to the Parables of Jesus, 2.ª ed., Eerdmans, 2018 — https://eerdword.com/meet-this-book-stories-with-intent-a-comprehensive-guide-to-the-parables-of-jesus/

Tres detalles léxicos que no cupieron en la hoja. βασανισταῖς (βασανιστής, basanistēs): verdugos, torturadores; la palabra aparece solo aquí en el Nuevo Testamento, pero el verbo βασανίζω ya está en Mateo en 8:6, 8:29 y 14:24. ἐλυπήθησαν σφόδρα (lypeō): «se entristecieron mucho» (v. 31); la expresión exacta de los discípulos ante el anuncio de la pasión en 17:23, y casi la misma en 26:22. συνᾶραι λόγον (synairō logon): «hacer cuentas» (vv. 23-24), un giro contable que Mateo repite en 25:19 para el señor que vuelve a ajustar cuentas con los siervos de los talentos: las dos parábolas de cuentas del evangelio comparten fórmula. Fuente: Ulrich Luz, El evangelio según san Mateo III (Mt 18-25), Sígueme — https://www.sigueme.es/autores/ulrich-luz.html

Indicativo e imperativo. La estructura teológica de la parábola, tal como la conversamos, es la del indicativo que precede al imperativo: Dios ha perdonado (indicativo), perdona tú (imperativo). En la formulación de Snodgrass, el Reino llega con gracia sin límite y trae una exigencia sin límite; y en su lectura de las aplicaciones actuales, pocos testimonios del Reino son tan visibles como liberar a alguien de una deuda que lo esclaviza cuando existe quien puede hacerlo, sea la deuda económica o de otra índole. La transformación que pide el v. 35 corresponde a lo que Mateo llama μετάνοια (3:8; 11:20-21; 12:41); el cuarto evangelio no usa ese término y expresa la misma transformación con otro vocabulario, «nacer de nuevo» (Jn 3:3-7). Fuente: Klyne Snodgrass, Stories with Intent, 2.ª ed., Eerdmans, 2018 — https://eerdword.com/meet-this-book-stories-with-intent-a-comprehensive-guide-to-the-parables-of-jesus/

Tres veces, dos esferas y la deuda de los países. Pedro, con su «hasta siete», ya iba más allá de la tradición rabínica que fijaba el perdón en tres veces y a la cuarta lo negaba (Talmud de Babilonia, Yoma 86b). El comentario en español de Working Preacher para este domingo añade dos ángulos que no trabajamos en la mesa: la parábola prohíbe vivir en dos esferas, la del domingo con las normas del cielo y la de la semana con las normas de la tierra, el padre amoroso en casa y el hombre de negocios despiadado en la oficina; y la dimensión política de la deuda, la condonación de la deuda de los países pobres como asunto que el texto también alcanza. Fuente: Martin Hoffmann, «Comentario del San Mateo 18:21-35», Working Preacher (Evangelio), 2023 — https://www.workingpreacher.org/commentaries/revised-common-lectionary/ordinary-24/comentario-del-san-mateo-1821-35-5

Cuatro precisiones sobre el perdón. Las distinciones que salieron en la mesa vienen de la psicoterapeuta Robin Casarjian: perdonar no justifica el maltrato, la violencia ni la traición; no exige fingir que todo está bien cuando no lo está; no requiere decírselo a la persona, aunque a veces eso forme parte del proceso; y es una decisión que abre un proceso, con la honestidad sobre el propio dolor como punto de partida. El libro parte de Un curso de milagros y de la práctica clínica de la autora; sirve como vocabulario pastoral para el sermón, con la parábola como la que pone la teología. Fuente: Robin Casarjian, Perdonar. Una decisión valiente que nos traerá la paz interior, Urano — https://www.polifemo.com/libros/perdonar-una-decision-valiente-que-nos-traera-la-paz-interior/252013/


Que el Señor, que cerró tu cuenta cuando no había con qué pagarla, te dé un corazón que no te permita volver a abrir la cuenta de tu hermano.

S. Febo
8 de septiembre de 2026