Hoy regresa a nuestra mesa el pastor Luis Santiago, pastor de la Iglesia Metodista La Transfiguración en Santurce, para leer Mateo 23:1-12, donde Jesús les habla a la gente y a sus discípulos sobre los escribas y fariseos que se sientan en la cátedra de Moisés. Comenzamos reconociendo que este texto también se ha usado contra otros, y terminamos en la alta dignidad de servir. El pasaje sigue a nuestra conversación sobre el gran mandamiento. Para leer la conversación anterior, aquí la tienes:
Nuestra conversación sobre el gran mandamiento y el hijo que David llama Señor https://www.domingoadomingo.com/de-donde-cuelga-toda-la-ley-y-el-hijo-que-david-llama-senor-mateo-22-34-46/
Tres ideas clave para nuestra conversación de hoy:
- La cátedra de Moisés: ¿autoridad reconocida o ironía de Jesús?
- Las cargas, las obras para ser vistos, los primeros asientos y las salutaciones en las plazas.
- La alta dignidad de servir, sin confundir la humildad con el desprecio propio.
Aquí puedes ver nuestra conversación completa:
Dicen, y no hacen · Mateo 23:1-12 (Ep. 62), en YouTube: https://youtu.be/rncDjwEs860
Comentario a Mateo 23:1-12: una advertencia para toda la iglesia
Jesús les habla en el templo a la gente y a sus discípulos sobre los escribas y los fariseos: todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo, mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. La enseñanza tiene valor, pero el instrumento que la enseña es falible. Jesús describe esa distancia entre lo que se dice y lo que se vive en cuatro rasgos, y en cada uno podemos reconocernos.
Primero, atan cargas pesadas y difíciles de llevar sobre los hombros de la gente, y ellos ni con un dedo quieren moverlas. Pareciera que el problema va más allá de la hipocresía. Leen la ley de cierta manera, ponen la vara demasiado alta y no están dispuestos a bajar el texto a la tierra, a la vida de quien tiene que cargarlo. Cada vez que exigimos en la iglesia lo que nosotros mismos no estamos dispuestos a cumplir, hacemos lo mismo.
Después, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres: ensanchan sus filacterias y extienden los flecos de sus mantos. Entre nosotros pasa cuando hacemos lo que nos corresponde, repartir comida o llevar ayuda a la comunidad, y enseguida sale la foto bien arreglada para las redes. El Señor ya lo había enseñado: no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha. Lucas, por su parte, nos deja la frase para esos momentos: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.
Aman, además, los primeros asientos en las cenas y las primeras sillas en las sinagogas. A la gente de hoy quizás no le impresiona tanto el pastor, pero el puesto conserva algunos privilegios. Las salutaciones en las plazas tienen que ver con el reconocimiento público, que hoy pasa también por el poder político. Hoy se parecen a la convocatoria del alcalde a los líderes de fe, a la cual la mayoría acude.
Mateo no está señalando únicamente al judaísmo de su época sino que es una advertencia que se extiende mas allá de esta discución intrareligiosa. La advertencia nos alcanza a todos en la iglesia de hoy: al clero y a los laicos, a diaconisas, monjas y sacerdotes, a cada persona que entra por la puerta. Todos conocemos al cristiano prepotente que cree que lo sabe todo, y sabemos el tropiezo que representa para quien se acerca al evangelio y para quien intenta quedarse en él. Ese cristiano puede ser cualquiera de nosotros si no nos detenemos a pensar en como actuamos.
Lo interesante es que el cuello clerical, eso que llamamos yugo, que es una señal de que somos siervos de Cristo, con facilidad se convierte en señal de autoridad. Lo mismo pasa con el alba y la estola. La dignidad de lo que hacemos nunca estuvo o estará en la vestidura ni siquiera en el título; está en el servicio.
Jesús les pide a los suyos que no busquen títulos, porque uno es su Maestro, el Cristo, y todos son hermanos. Entonces les deja una sola instrucción: El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Lo más grande que podemos hacer en la fe es amar y servir, y ese amor y servicio tienen que ser la base de nuestra vida cristiana. Si no lo son, tenemos que volver a dialogar con nuestro ego y dejar que el texto nos confronte en aquellas áreas donde todavía no estamos amando y sirviendo.
Servir es entregarnos en lo que hacemos para Dios, sin necesidad de que nadie nos mire. Estamos dispuestos a servir, y a humillarnos, porque amamos al Señor, y el amor es la esencia del evangelio.
Hoja de predicación · Domingo a Domingo
Entre la cátedra y el siervo
Títulos, cargas y primeros asientos
Mateo 23:1-12
Vigésimo tercer domingo después de Pentecostés · Propio 26 · Ciclo A · Verde · 1 de noviembre de 2026
Contexto histórico-cultural
Jesús sigue en el templo, después de las controversias con los principales sacerdotes, los fariseos, los herodianos y los saduceos (Mt 21:23–22:46), y ahora les habla a la gente y a sus discípulos. Los escribas eran los expertos en la Ley; los fariseos, un movimiento que buscaba vivir la Torá en la vida diaria. Es una discusión dentro del judaísmo: Mateo nombra a dos grupos concretos y su papel.
Para la cátedra de Moisés hay un candidato material: la silla de piedra de la sinagoga de Corazín, hoy en el Museo de Israel. Lleva una dedicatoria en arameo que, según la traducción del museo, dice: «Sea recordado para bien Yudán, hijo de Ismael, que hizo este pórtico y su escalinata. Como recompensa, tenga parte con los justos». La sinagoga es posterior a Mateo en más de un siglo, así que no sabemos si en tiempos de Jesús había una silla así o si la expresión nombra, en figura, la autoridad de enseñar la Ley.
Las filacterias eran pequeñas cajas de cuero con textos de la Torá, atadas a la frente y al brazo en obediencia a Dt 6:8. Los flecos son las borlas que mandan Nm 15:38 y Dt 22:12 en los extremos del manto. Jesús también los llevaba: la mujer enferma «tocó el borde de su manto» (Mt 9:20), y Mateo usa la misma palabra. La crítica cae sobre ensanchar las filacterias y alargar los flecos para ser vistos. El lugar en la mesa y en la sinagoga se asignaba según el honor, el saludo en la plaza lo confirmaba en público, y «Rabí», «mi maestro», funcionaba ya como título de honor.
Tres claves exegéticas
1. «Se sientan» en la cátedra καθέδρα (kathedra)
El verbo es un aoristo, ἐκάθισαν (ekathisan). Unos lo leen «se han sentado», como quien se adueña de la silla, y entonces Jesús hablaría con ironía; otros le dan fuerza de presente, «están sentados», y entonces Jesús les reconoce la autoridad de enseñar la Ley. La segunda lectura explica mejor el v. 3, «todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo», aunque choca con Mt 16:12, donde Jesús manda guardarse «de la doctrina de los fariseos». Pareciera que el texto separa el valor de la enseñanza de la manera en que se vive. La silla vuelve en el v. 6: πρωτοκαθεδρία (prōtokathedria), «primera silla», comparte la raíz. Lo que en el v. 2 es lugar para enseñar, en el v. 6 es lugar de honor.
2. Cargas pesadas φορτία βαρέα (phortia barea)
Es el mismo sustantivo de Mt 11:30, «mi yugo es fácil, y ligera mi carga» (τὸ φορτίον μου ἐλαφρόν). Allí Jesús llama a «todos los que estáis trabajados y cargados» y se presenta «manso y humilde de corazón», con la familia de palabras que cierra nuestro pasaje (ταπεινός en Mt 11:29; ταπεινόω en 23:12). No moverlas «ni con un dedo» puede leerse como negarse a ayudar a cargar lo que se exige. La RVR60 añade «y difíciles de llevar», que sigue a manuscritos con καὶ δυσβάστακτα (kai dysbastakta); el texto crítico de la SBLGNT no lo trae, y la expresión parece venir del paralelo de Lc 11:46.
3. El siervo διάκονος (diakonos)
El v. 11 repite la frase de Mt 20:26, ἔσται ὑμῶν διάκονος, «será vuestro servidor», que desemboca en 20:28: el Hijo del Hombre «no vino para ser servido, sino para servir». El v. 12 recoge, a su vez, el lenguaje de Mt 18:4, «cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos», con ὁ μείζων y ταπεινώσει ἑαυτόν en ambos textos. El cierre del pasaje junta lo que Mateo ya había enseñado sobre el niño y sobre el servidor.
Hilo teológico
Mateo pone este discurso inmediatamente después del gran mandamiento: de amar a Dios y al prójimo «depende toda la ley y los profetas» (Mt 22:40). Leído desde ahí, el fallo de los vv. 4-7 es la falta de amor al acercarse al texto y al imponérselo a la gente. Los vv. 8-10 reservan tres títulos: uno es el Maestro, uno es el Padre, el que está en los cielos, y uno es el que guía, el Cristo. La autoridad en la comunidad queda entre hermanos, bajo ese único Maestro. El v. 12 cierra con dos pasivas que dejan la acción en manos de Dios: es Dios quien humilla y quien enaltece, y el dicho mira hacia el juicio final.
Tres ángulos homiléticos
A. La alta dignidad y sus riesgos
Se podría predicar desde la alta dignidad de servir y enseñar la fe, que Dios ha puesto en cada creyente, y presentar las advertencias de los vv. 4-7 como los riesgos que acompañan esa dignidad: que se nos vaya la cabeza, que olvidemos por qué hacemos lo que hacemos. Los ayes que siguen (vv. 13-36) ayudan en la preparación, porque llevan esas advertencias a su forma más dura.
B. Lo que se busca para ser visto
Podríamos contrastar lo que la sociedad, religiosa y secular, nos enseña a perseguir, una posición para que otros nos respeten, nos admiren y nos quieran imitar, con lo que Jesús enseña del Reino: gente dispuesta a remangarse, como él cuando lavó los pies de sus discípulos (Jn 13:1-17).
C. Humildad sin desprecio propio
Debemos cuidar el otro extremo. La humildad del v. 12 se puede predicar sin caer en la idea de que somos lo peor y por eso nos toca servir. Dios ha puesto una valía extraordinaria en cada persona, y desde esa valía servimos. Se podría cerrar con la humildad de Cristo, que nos enseñó sirviendo.
Ilustración y aplicación contextual
En nuestro país, muchos crecimos en hogares protestantes aprendiendo que al sacerdote no se le dice «padre», y lo cumplimos más por formación cultural que por el texto mismo. A la vez, le decimos «maestro» o «míster» a quien nos enseña en la escuela sin pensarlo dos veces. La manera en que recibimos un texto puede convertirlo en herramienta o en arma.
Lo confesamos en la mesa: este texto lo hemos usado como arma. En medio de un proceso ministerial difícil, cuando uno está satisfecho con su pastoral y no le interesa llegar a títulos, Mateo 23 se presta para señalar a los compañeros que sí buscan la ordenación: «ustedes lo que quieren son las primeras sillas». Así se les pone a otros ministros una carga injusta, que es parecido a lo que se denuncia en el v. 4. En realidad, es mas importante que criticar saber que hay que ser sensible con los procesos de la gente.
Breves notas sobre el género literario
Discurso polémico de tono profético, dentro de una discusión intrajudía. Muchos leen Mateo 23 como la apertura del último gran discurso del evangelio (caps. 23–25). La polémica antigua usaba la hipérbole y el contraste fuerte: «todo lo que os digan» y «todas sus obras» funcionan mejor como énfasis que como inventario. En los vv. 8-12 el registro cambia de la denuncia a la instrucción para la comunidad.
Breves notas sobre la estructura
El v. 1 presenta la audiencia: la gente y los discípulos. Los vv. 2-7 diagnostican en tercera persona, con verbos de lo que ellos hacen: se sientan, dicen, atan, ensanchan, aman. Los vv. 8-10 giran a la segunda persona con tres prohibiciones paralelas (Rabí, padre, maestro), cada una con su razón. Los vv. 11-12 dan el principio, el segundo en forma de quiasmo: enaltece / humillado, humilla / enaltecido. Siguen los ayes (vv. 13-36), ya dirigidos a los escribas y fariseos, y el lamento sobre Jerusalén (vv. 37-39).
Pregunta para la comunidad
Domingo a Domingo · Episodio 62 · domingoadomingo.com
Para profundizar: notas y fuentes
- La «cátedra de Moisés» se ha leído de cuatro maneras: como una silla real de la sinagoga, desde la que enseñaba quien interpretaba la Ley; como figura de esa autoridad; como el atril donde descansaba el rollo; y, en la propuesta de Mark Allan Powell («Do and Keep What Moses Says», JBL 114, 1995), como el control del acceso a la Torá, de modo que «lo que os digan» sería lo que dice Moisés cuando ellos leen. A favor de la silla real están las de piedra halladas en Corazín y en Hamat Tiberíades; en contra, que son pocas y bastante posteriores al evangelio. La de Corazín está tallada en basalto; el original se conserva en el Museo de Israel y en el sitio hay una réplica. Fuente: Noel S. Rabbinowitz, «Matthew 23:2-4: Does Jesus Recognize the Authority of the Pharisees and Does He Endorse Their Halakhah?», JETS 46/3 (2003) — https://etsjets.org/wp-content/uploads/2010/06/files_JETS-PDFs_46_46-3_46-3-pp423-447_JETS.pdf · Carl Rasmussen, «Seat of Moses», HolyLandPhotos — https://holylandphotos.org/photos/INSGKZSY11
- φυλακτήρια (φυλακτήριον, phylaktērion): filacteria; en todo el Nuevo Testamento solo aparece aquí (23:5). κράσπεδα (κράσπεδον, kraspedon): fleco, borla del manto; el mismo término en 9:20 y 14:36, para el borde del manto de Jesús. Jesús participaba de esa práctica, así que la crítica apunta a la ostentación y no a la devoción, y esto nos debe señalar entonces que el capítulo no se debe leer únicamente una condena del judaísmo sino especialmente a la ostentación. Fuente: David Cortés-Fuentes, «La Cátedra de Moisés… y la Verdadera Humildad», Working Preacher (comentario en español) — https://www.workingpreacher.org/commentaries/revised-common-lectionary/ordinary-31/comentario-del-san-mateo-231-12-5
- καθηγηταί (καθηγητής, kathēgētēs): guía, preceptor; en el texto crítico solo aparece en 23:10, dos veces. En el v. 8 el texto crítico usa διδάσκαλος; la RVR60 sigue manuscritos que traen καθηγητής también allí y traduce los dos versículos con «Maestro». Bruce W. Winter estudia una carta en papiro de fines del siglo I (P.Oxy. 2190) en la que un estudiante de retórica en Alejandría busca un nuevo kathēgētēs porque el anterior había muerto, y propone que el término nombra al tutor que acompaña de cerca a un alumno. Fuente: Bruce W. Winter, «The Messiah as the Tutor: The Meaning of καθηγητής in Matthew 23:10», Tyndale Bulletin 42.1 (1991) — https://tyndalebulletin.org/article/30504-the-messiah-as-the-tutor-the-meaning-of-in-matthew-23-10
Que Cristo, nuestro único Maestro, aligere las cargas que llevas y te dé la alegría de servir donde solo él te ve.
S. Febo 29 de octubre de 2026
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