Hace como veinte años vi un sermonete por primera vez. Fue en San Juan Moderno, y la que lo hacía era la reverenda María Torres. Yo no había visto nada parecido, y en los años que siguieron he visto muy pocos. Lo normal en nuestras iglesias es otra cosa: los niños se sientan, se callan durante la primera parte del culto, y cuando va a empezar la predicación alguien se los lleva a la iglesia infantil. Nadie va a decir que no quiere a los niños. Pero entre quererlos y hacerlos parte del culto hay un abismo, y en ese abismo vivimos muchas congregaciones.

Este episodio lo grabamos fuera de mi oficina, en Robinson School, con la Rvda. María Torres, maestra de vida espiritual desde preescolar hasta sexto grado, y con el Rvdo. Justin Colón, que es capellán allí, pastor en Bayamón y director de Seeds of Faith. Los dos trabajan con niños todos los días, no solo el domingo, así que lo que dicen no es teoría. Fui a preguntarles por el sermonete porque llevo semanas dándole vueltas en mi cabeza sin saber cómo echarle mano.

Para ver el episodio completo:¿Qué es un sermonete? Predicar con la niñez dentro del culto; https://www.youtube.com/watch?v=Kw5oMr_0mSQ

El sermonete es una versión del sermón dirigida a la niñez: no una introducción al sermón de los adultos ni una actividad para entretener a los nenes mientras los grandes esperan. María siempre usa el mismo texto que se va a predicar, porque eso le da unidad al culto. Justin añadió una imagen que me dejó pensando: la iglesia es un solo cuerpo, y un cuerpo escucha una sola palabra.

Justin da el sermonete antes de predicar, y muchas veces ahí está el corazón de lo que luego les dirá a los adultos. Su método es destilar: si no puede resumir el sermón en una oración, todavía no está listo. Esa oración es la semilla; después busca un objeto que los niños puedan ver y entender, y que apunte a algo más grande. Lo llama object lesson y dice que siempre anda buscándolo.

Al predicar sobre los labradores malvados, en Mateo, se quedó con una palabra: oportunidades. ¿Cuántas les dio el dueño de la viña? Desde ahí les habló a unas niñas de diez a doce años. Ese mismo domingo, en Worship with Friends, el culto de Seeds of Faith, el objeto fue el pan de la comunión. Ambas experiencias me hicieron ver algo: no siempre hay que inventar el object lesson. El pan y el vino ya lo son: signos concretos de una gracia más honda, presentes en nuestra tradición desde el principio.

Hasta ahí habíamos hablado de cómo hacer el sermonete. Pero la conversación llegó a una pregunta más: qué lugar tiene la niñez en la iglesia. Justin preguntó: si no dividimos la congregación por clase social ni por raza, ¿por qué hacerlo por edad? Los niños aprenden de otra manera, sí, pero también son parte de la congregación y necesitan el cuidado de sus pastores.

María fue más lejos: el mandato de dejar que los niños se acerquen a Jesús también interpela a los pastores y las pastoras; no podemos delegarlo en las maestras de escuela bíblica. Cuando sacamos a los niños del santuario, aunque tengamos buenas razones, podemos estar diciéndoles que ese espacio no es suyo.

Ella contó una historia que le contó su esposo, Germán, de la iglesia donde él creció. Llevaron a un grupo de niños a un campamento, y el domingo les tocó a ellos hacer el servicio de adoración completo. Lo hicieron, y lo hicieron tan bien que alguien les preguntó por qué no hacían lo mismo en la iglesia. La contestación fue que en la iglesia la gente no les habla, y cuando les habla es para regañarlos. Me quedé callado un rato con eso. Los niños ya están en nuestras iglesias y nos estamos relacionando con ellos queramos o no; lo que falta decidir es cómo.

Hay un detalle que Justin señaló y que explica mucho de lo que vemos. La adoración cristiana es formación; uno aprende a ser cristiano adorando, e imitando. El niño que pasa toda su infancia saliendo del culto cuando empieza lo más fundamental llega a los trece, se le acaba la iglesia infantil, y no sabe sentarse en el culto. No está habituado. Entonces nos preguntamos dónde está la juventud. Lo veo en congregaciones hoy envejecidas: no supimos darle espacio a una juventud que ya no está. Ahora hay niños entre nosotros. ¿Qué hacemos con ellos? ¿Los ignoramos, los toleramos hasta que crezcan o reconocemos que son parte central de la iglesia desde ahora?

Me acordé de mi propia niñez. En mi iglesia no había sermonete, había, lo que es igual de importante, gente amorosa que nos recibía en la escuela bíblica con un corazón enorme. Aun así, a veces quería quedarme en el culto. Desde chiquito me interesaba lo que pasaba allí y quería escuchar al pastor. Hoy pienso que ambas cosas podían tener lugar: el cariño y el aprendizaje de la escuela bíblica, y el deseo de participar del culto con toda la congregación. Quizás otros niños también sienten esa curiosidad. Vale la pena hacerles espacio.

De la conversación me llevé también algunas ideas prácticas. La primera es preparar a la congregación: hablar con los líderes, explicar qué es el sermonete y por qué tiene lugar en el culto. Esa conversación permite atender preguntas y resistencias, y mostrar, con la Biblia en la mano, el lugar de la niñez en la vida de la iglesia.

Una canción puede ayudar a crear ese espacio. María conoció el sermonete por el reverendo Neven Harris Morales, en Río Piedras Heights. Ya mayor, el pastor cantaba «Los niños son de Cristo» y se sentaba en el piso mientras los nenes se acercaban al altar. María escogió «Cristo me ama»: dice que no canta, y ese himno lo saben todos en la iglesia. Al mismo tiempo, tampoco hace falta inventar algo distinto cada domingo. Justin, acostumbrado a trabajar con jóvenes de escuela superior, aprendió algo en las capillas de preescolar y elemental: los pequeños disfrutan la repetición. Piden la misma canción una y otra vez, como vuelven a ver su película favorita. Hoy esas capillas "repetitivas" están entre las que más disfruta.

Y la participación no termina con el sermonete. Quien ya lee puede hacer una lectura; quien se sabe el Padre Nuestro puede dirigirlo. Darles un lugar en el culto no exige necesariamente más personal. Empieza por tenerlos presentes al prepararlo.

Este episodio es el principio de una colaboración entre Domingo a Domingo y Seeds of Faith, la iniciativa de vida espiritual de Robinson School que dirige Justin. Lo que buscamos es que las iglesias que nos escuchan tengan cada semana algo concreto para la niñez, con la misma seriedad que el resto de nuestra programación. Esto va a tomar varias conversaciones, y esta fue la primera. Si en tu iglesia haces sermonete, o lo intentaste y no te salió, me gustaría que nos hables de eso.


Que el Señor que no dejó que estorbaran a los niños te encuentre este domingo con la iglesia completa en el culto, los de tres años y los de ochenta, escuchando una misma palabra.