Diez vírgenes salen con sus lámparas a recibir al esposo, y mientras él tarda, todas se duermen. Esta semana volvemos junto al pastor Luis Santiago, en el primer episodio de esta nueva temporada. Volvemos tras un año initerrumpido semana a semana y domingo a domingo, para leer Mateo 25:1-13. Comenzamos preguntándonos qué es el aceite que a unas les alcanzó y a otras les faltó, y terminamos preguntándonos cómo se predica estar preparados cuando todos somos falibles.

Tres ideas clave para nuestra conversación de hoy:

  1. El aceite que el texto nunca define, leído durante siglos como amor y buenas obras, y desde la Reforma como fe; el texto deja esa tensión abierta.
  2. A la medianoche, cuando todas dormían y todo parecía acabado, se oye un clamor: «¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!».
  3. La respuesta difícil de las prudentes, que no comparten su aceite, y el «no os conozco» del esposo, que leímos como la falta de una relación cultivada con Dios en vida.

Para ver el episodio en video pulse aquí: A media noche se oyó un clamor - Mateo 25:1-13; (https://youtu.be/dfafKylv_4k)


Comentario a Mateo 25:1-13: el aceite de los que siguen buscando

Al texto no le interesa resolver el problema del aceite. Diez vírgenes salen con sus lámparas a recibir al esposo, cinco llevan aceite y cinco no, y Jesús continua el relato sin detenerse a decirnos qué representaba aquel aceite.

Nosotros sí nos detenemos en ese aceite y podemos ponerle distintos nombres, cada uno con su historia y su razón. Pero pareciera que el texto quiere mantenernos en esa tensión: al no resolverla, nos obliga a preguntarnos qué nos falta a nosotros hoy. Lo que la parábola sí deja claro, de principio a fin, es su insistencia en estar preparados: las que entraron a las bodas fueron «las que estaban preparadas». Si no queremos reducir el aceite a un solo concepto, nos toca preguntarnos qué significaba estar preparados en el mundo del texto y qué significa para nosotros en este tiempo. Esa pregunta debe llevarnos a acciones cónsonas con la Escritura y a una vida orientada hacia la búsqueda del reino de los cielos. Se trata de un camino que podemos venir recorriendo desde hace tiempo o que podemos comenzar hoy, sin pretender reducir esa preparación a una lista exacta de obras.

Tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. Esa tardanza es la realidad de nuestra expectativa de que Cristo vuelva: lo confesamos, lo cantamos, lo esperamos, y la espera se alarga más de lo que quisiéramos. En esa espera se durmieron las insensatas y se durmieron también las prudentes.

En ese sueño de todas leímos la muerte, que nos alcanza a todos. Tan falibles somos que nos quedaremos dormidos, y la consecuencia natural de la falibilidad humana es que todos vamos a morir.

Por eso quisiéramos que nadie salga del templo pensando que las insensatas representan a la gente que no logra vivir a la altura del evangelio. Este texto se ha usado para decir que los insensatos son los que no se portan bien, los pecadores, y hay quien sale de escucharlo convencido de que hay que ser perfecto para poder entrar. Pero todos somos pecadores, todos somos falibles. Cada persona sentada en los bancos, y cada líder y pastor que se para a predicar esta parábola, llega a la medianoche con sus fallas a cuestas. Si la diferencia entre unas y otras fuera portarse bien, habría que preguntarse quién queda adentro.

Las prudentes, entonces, representan a quienes, aunque yerran y no siempre logran vivir a la altura del evangelio, siguen buscando y preparándose. Aquí no se trata de distinguir entre mejores y peores cristianos: todos somos personas que fallamos y seguimos buscando. La posibilidad del encuentro se da en esa búsqueda intencional y constante, en mantenernos atentos y perseverar en la preparación, aun sabiendo que volveremos a fallar. Dicho de otra forma, esa preparación implica examinar nuestra vida a la luz del evangelio, reconocer nuestros pecados y volver una y otra vez a Cristo con arrepentimiento, mientras seguimos buscando su rostro y aceptando su amor.

No obstante, fíjense que no tenemos que vivir preocupados por la muerte, porque el cielo sigue siendo regalo del esposo, que llega cuando él quiere y abre la puerta de su fiesta. Pero nuestra vida nos premia con la esperanza de encontrarnos con él, y de que cuando venga nos encuentre listos, con las lámparas encendidas o por lo menos con nuestro aceite lleno para entrar a la fiesta de bodas.

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Hoja de predicación · Domingo a Domingo

Aceite para la medianoche

Estar preparados cuando el esposo tarda
Mateo 25:1-13

Vigésimo cuarto domingo después de Pentecostés · Propio 27 · Ciclo A · Verde · 8 de noviembre de 2026

I

Contexto histórico-cultural

El matrimonio judío del primer siglo se celebraba en dos tiempos: primero un contrato entre las familias y, más o menos un año después, la fiesta en la casa de la familia del novio, que podía durar varios días. Las muchachas de la parábola esperan la llegada del novio para unirse al cortejo y entrar con él a las bodas. David Cortés-Fuentes recuerda que «la hora de la llegada del novio no podía calcularse con facilidad», porque amigos y vecinos lo retenían celebrando con él; en la parábola, la espera se alarga hasta la medianoche. La comunidad de Mateo escucha la escena después de la resurrección, cuando la venida del Señor también se ha demorado más de lo que muchos esperaban (24:48).

Las lámparas de la parábola, λαμπάδες, eran con toda probabilidad antorchas de procesión. Así usa la palabra la Septuaginta para las teas que los hombres de Gedeón esconden en los cántaros (Jue 7:16, 7:20), y así la usa Juan para la cohorte que llega a prender a Jesús (Jn 18:3), mientras Mateo reserva otra palabra, λύχνος, para la luz que se pone sobre el candelero y «alumbra a todos los que están en casa» (Mt 5:15). El aceite que las alimenta es aceite de oliva. La identificación no es unánime, porque desde la Vulgata, que se limitó a transliterar el griego, buena parte de la tradición ha imaginado lámparas de barro.

II

Tres claves exegéticas

1. Prudentes e insensatas φρόνιμοι, μωραί (phronimoi, mōrai)

Es el mismo par de adjetivos con que Jesús cierra el Sermón del Monte: el hombre prudente que oye estas palabras «y las hace» edifica sobre la roca, y el insensato que no las hace edifica sobre la arena (7:24-27). El final de la parábola repite el eco, porque el «¡Señor, señor, ábrenos!» y el «no os conozco» recuerdan el «Señor, Señor» y el «Nunca os conocí» de 7:22-23. La RVR60 traduce «prudentes» e «insensatas», y el mismo φρόνιμος describe al «siervo fiel y prudente» que el señor encuentra haciendo su trabajo cuando llega (24:45-46).

2. Cabecearon todas y se durmieron ἐνύσταξαν πᾶσαι καὶ ἐκάθευδον (enystaxan pasai kai ekatheudon)

El primer verbo, en aoristo, marca el momento en que el sueño las vence; el segundo, en imperfecto, la duración de ese sueño. El sujeto es «todas», y el texto no hace distinción ni le reprocha el sueño a nadie. Mateo usa el mismo καθεύδω para la hija del principal, «la niña no está muerta, sino duerme» (9:24), y otra vez en Getsemaní, donde el sueño de los discípulos sí es falta, porque no pudieron velar con él una hora (26:40-45). Aquí, en cambio, dormirse es la condición común de las diez.

3. Las que estaban preparadas αἱ ἕτοιμοι (hai hetoimoi)

La palabra divide la escena: las que estaban preparadas entran con el esposo. Es la misma con que cierra la sección anterior del discurso, «estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis» (24:44), y Mateo ya la había puesto en boca del rey de otra parábola de bodas: «todo está dispuesto; venid a las bodas» y «Las bodas a la verdad están preparadas» (22:4, 22:8). Las bodas están listas desde antes; la pregunta del evangelio es quién lo está cuando el esposo llega.

III

Hilo teológico

Hay algo que el aceite no admite en la parábola: que se preste. «Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas» (25:9). Leída desde nuestra sensibilidad, la respuesta suena fuerte, porque manda a las otras a buscar aceite en la oscuridad para poder encender sus antorchas. Dentro de la lógica de la imagen, si las prudentes reparten, se apagan todas antes de que termine el cortejo. Pareciera que el texto toca aquí algo que nadie puede hacer por otro: la preparación de cada cual para el encuentro.

Distinguimos en la conversación dos horizontes y los sostuvimos juntos. Jesús les habla a sus discípulos antes de la cruz, y Mateo escribe para una comunidad que ya vivió la resurrección y lee la parábola mientras el esposo tarda. Pablo ya había escrito sobre la fe en el sentido que la Reforma recogería, pero no tenemos forma de saber si el autor de Mateo pensaba el aceite desde ese vocabulario, y su evangelio define la entrada al reino por el hacer: «No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (7:21). Ese hacer no compra la fiesta, al mismo tiempo es la forma en que Mateo describe a los que están listos.

IV

Tres ángulos homiléticos

A. Antorchas para el camino

Se podría predicar la preparación desde la antorcha, que sirve para alumbrar el camino de afuera, en el cortejo y en la calle. Puede que estemos sobreinterpretando la imagen, y desde el púlpito se puede decir así, pero pareciera que representa esos valores que se expresan hacia afuera y no solamente lo que se vive hacia adentro. La pregunta para la congregación sería qué alcanza a ver la gente de nuestra comunidad cuando la iglesia sale a recibir al esposo.

B. El aceite se busca en vida

Otra manera es predicar la preparación que ocurre mientras vivimos: una vida cristiana piadosa que incluye entrega, fe y buenas obras, y que incluye también mirarnos frente a la cruz, reconocer que lo estamos haciendo mal, arrepentirnos otra vez y arreglar la vida en algunas cosas. Nadie va a escapar del sueño, y la pregunta es si vamos a tener el aceite suficiente, si lo estamos buscando durante la vida. Se podría cerrar con la luz que trasciende aun cuando nuestros ojos están cerrados, fundamentada en nuestra fe en Jesucristo.

C. La puerta y el «no os conozco»

También se podría predicar desde la relación. El «no os conozco» se puede leer como la constatación de un trato que nunca se cultivó: las insensatas llegan con un reclamo de última hora, «¡Señor, señor, ábrenos!», a alguien con quien no tuvieron cercanía o relación en vida. Por tanto, tomar esto como advertencia y decidir prepararnos, como enfoque homilético desde esta parte de la lectura, implicaría señalar el cultivar ese vínculo en lo cotidiano: escuchar su palabra, orar, examinar nuestra vida a la luz del evangelio y reconocer aquello de lo que necesitamos arrepentimiento.

V

Ilustración y aplicación contextual

Abrimos el periódico, o lo que queda del periódico, abrimos las noticias en el celular, y todo lo que encontramos son malas noticias. Así llega mucha de nuestra gente al culto del domingo, con la sensación de que la noche no se acaba. Ahí, a la medianoche, cuando todo parecía acabado, el relato pone un clamor: «¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!» (25:6). La medianoche es la hora más oscura y también el principio de una mañana nueva, y esa mañana se recibe con el esposo que llega. Para una congregación nuestra cansada de malas noticias, se podría predicar este verso como la buena noticia que se oye en lo más oscuro de la noche, y preguntar quién va a salir a recibirle con la antorcha encendida.

VI

Breves notas sobre el género literario

Es una parábola escatológica con rasgos de alegoría. Abre con la fórmula «el reino de los cielos será semejante» (ὁμοιωθήσεται), que compara una escena completa con el reino sin ofrecer una tabla de equivalencias. Algunos elementos tienen referencia clara dentro de Mateo, como el esposo, que es Cristo (9:15), las bodas del reino o la tardanza de su venida; otros, como el aceite, las vasijas o los que venden, se quedan como piezas del relato. Cualquier interpretación que pretenda decir «esto significa esto», final y firme, va a errar. Eso no impide usar una lectura que no es la intención directa del texto, como llamar fe al aceite, siempre que se explique desde el púlpito.

VII

Breves notas sobre la estructura

Es la segunda de tres historias en el último discurso de Jesús en Mateo (caps. 24–25), que avanza de las señales del fin a la venida del Hijo del Hombre y la exhortación a estar preparados (24:36-44), y de ahí al siervo fiel y prudente (24:45-51), las diez vírgenes y los talentos (25:14-30), antes del juicio de las naciones (25:31-46). Por dentro se mueve en cuatro tiempos: la presentación de las diez vírgenes, con sus lámparas y su aceite (vv. 1-4); la tardanza, el sueño, el clamor y la petición negada (vv. 5-9); la llegada, la puerta y el «no os conozco» (vv. 10-12); y la exhortación final (v. 13).

VIII

Pregunta para la comunidad

Si todos cabeceamos y nos dormimos, ¿qué es, en nuestra comunidad, el aceite que nadie le puede prestar a otro? ¿Dónde lo estamos buscando mientras el esposo tarda?

Domingo a Domingo · Episodio 63 · domingoadomingo.com

COMPLEMENTO

Para profundizar: notas y fuentes

1. Antorchas en el cortejo. La lectura que se hizo en el episodio es correcta, y además tiene historia: λαμπάδας (λαμπάς, lampas): antorcha, tea; en Mateo, solo en esta parábola (25:1, 3, 4, 7, 8). La Vetus Latina y la Vulgata se limitaron a transliterar el griego como lampades, y de ahí viene buena parte de la traducción «lámparas»; Joachim Jeremias defendió en 1965 que se trata de antorchas. Las pinturas de las catacumbas del siglo IV ya lo entendían así: en el Cementerio Ostriano, las vírgenes prudentes llevan la antorcha encendida en la mano derecha y una vasija pequeña de aceite de reserva en la izquierda.
Fuente: Cilliers Breytenbach, «Lights from the Ancient Near East: Illumination of Exterior and Interior Space in the New Testament», Svensk Teologisk Kvartalskrift 91, n.º 3 (2015) — https://journals.lub.lu.se/STK/article/view/16499

2. El aceite como caridad y el sueño como muerte. Agustín propone que el aceite es la caridad, el «camino más excelente» de 1 Corintios 12:31, pero lo hace con cautela, buscando qué es, como él mismo dice, sin aventurar un juicio precipitado. En el mismo sermón lee el sueño de las diez como la muerte, que alcanza por igual a la necia y a la prudente, y la llama sueño porque quien se duerme espera levantarse.
Fuente: Agustín de Hipona, Sermón 93 sobre Mateo 25:1-13 (Sermón 43 en la serie inglesa NPNF) — https://www.newadvent.org/fathers/160343.htm

3. La lectura de la Reforma. Para la Reforma, el aceite es la fe. Lutero predicó esta parábola en Erfurt el 21 de octubre de 1522: las lámparas son lo exterior, la práctica y el servicio, y el aceite es la fe que Dios mismo derrama en el corazón. Toda la vida cristiana, dice, consiste en dos cosas: «Cree a Dios. Ayuda a tu prójimo».
Fuente: Martín Lutero, Sermón sobre Mateo 25 (Erfurt, 1522), traducción inglesa de Paul A. Rydecki — http://www.godwithuslc.org/luther-sermon-for-trinity-27/

4. La fe que obra por el amor. Desde nuestra tradición, Juan Wesley sostiene las dos lecturas juntas. En sus notas sobre Mateo 25 dice que la lámpara es la fe y que «una lámpara con aceite es la fe que obra por el amor», la fórmula de Gálatas 5:6; el aceite que llevan las prudentes es el amor en el corazón. Sobre el v. 13 añade que quien vela tiene, además de la lámpara encendida, aceite en la vasija, y que aun cuando duerme su corazón vela.
Fuente: Juan Wesley, Notas explicativas sobre el Nuevo Testamento (1755), Mateo 25 — https://biblehub.com/commentaries/wes/matthew/25.htm

5. El amor que no se compra. La lectura del aceite como caridad que se citó en el episodio desde Ratzinger tiene su formulación en el Ángelus que Benedicto XVI dedicó a esta parábola el 6 de noviembre de 2011. Siguiendo a Agustín y a otros autores antiguos, ve en el aceite «un símbolo del amor, que no se puede comprar, sino que se recibe como don», y concluye que aprovechar la vida mortal para las obras de misericordia es la verdadera sabiduría, porque después de la muerte ya no será posible.
Fuente: Benedicto XVI, Ángelus del 6 de noviembre de 2011 — https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/angelus/2011/documents/hf_ben-xvi_ang_20111106.html

6. El cierre de la parábola. 6. El cierre de la parábola. La RVR60 termina el v. 13 con «en que el Hijo del Hombre ha de venir», pero estas palabras están ausentes algunos manuscritos antiguos, y el texto crítico concluye en «ni la hora». La lectura larga parece ser una ampliación explicativa de los copistas, cercana a Mateo 24:44, que hace explícita la referencia a la venida del Hijo del Hombre. En su forma breve, el versículo conserva plenamente la exhortación central: «Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora». Esto nos lleva de la cuestión textual a la interpretación: ¿qué significa velar en esta parábola? γρηγορεῖτε, del verbo γρηγορέω (grēgoreō), significa velar o mantenerse alerta. Es el mismo verbo que aparece en Mateo 24:42-43 y en Getsemaní, en 26:38, 40 y 41. Su repetición vincula el cierre con otras llamadas de Jesús a la vigilancia.
La dificultad es que, en esta parábola, todas se durmieron, incluidas las prudentes. Precisamente aquí cobra sentido la observación de Dean Wenthe: para explicar esa aparente tensión, no considera necesario suponer que la exhortación fue incorporada al relato a partir de Marcos 13:35. Entiende que «velar» puede expresar una disposición de preparación en el presente. Las prudentes pudieron dormir y, aun así, estar preparadas cuando llegó el esposo. Desde esta interpretación, el mandato final recoge la enseñanza del relato: la incertidumbre sobre el momento de la llegada exige cultivar desde ahora una preparación capaz de sostenerse durante la espera.
Fuente: Dean O. Wenthe, «The Parable of the Ten Bridesmaids (Matthew 25:1-13)», The Springfielder 40, n.º 1 (1976) — https://media.ctsfw.edu/Item/GetFullText/1991, Wenthe, p. 14


Que el Esposo que tarda te encuentre preparado cuando se oiga el clamor, y que su llegada te levante aun del sueño más largo.

S. Febo
3 de noviembre de 2026