
Bienvenidos a Domingo a Domingo. Seguimos dentro del discurso de las parábolas de Mateo 13, y esta semana el leccionario nos entrega cinco de un solo golpe: la mostaza, la levadura, el tesoro, la perla y la red, con el escriba del Reino como broche. Nos acompaña otra vez el pastor Luis Santiago, de la Iglesia Metodista La Transfiguración en Santurce, para conversar por qué estas historias de lo cotidiano no son recetas de agricultura ni de cocina, sino otra cosa: el arte de explicar lo inexplicable. Si vienes siguiendo la serie, esta lectura retoma lo que quedó sembrado en la parábola del sembrador y lo que quedó anunciado en el trigo y la cizaña.
Tres ideas clave de nuestra conversación
Las parábolas no son recetas. El Reino no es como la semilla ni como la levadura: es como lo que pasa en la historia. Interpretarlas literalmente es desinterpretarlas.
Al Reino le gusta esconderse. La levadura no se mezcla, se esconde; el tesoro se esconde dos veces. Lo pequeño de Dios trabaja desde dentro hasta llenarlo todo.
La red no es nuestra. Recoge toda clase de peces, y la separación les toca a los ángeles, al final. Nuestros espacios deberían recibir sin excluir ni señalar.
Comentario a Mateo 13:31-33, 44-52: las parábolas del Reino escondido
Cinco parábolas en una sola lectura. La mostaza, la levadura, el tesoro, la perla, la red. Y de postre, un escriba que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas. La tentación del que predica es doble: o predicarlas todas y no predicar ninguna, o convertirlas en recetas. Ni lo uno ni lo otro.
Lo llamamos el arte de explicar lo inexplicable, y la frase se queda con uno. Porque el Reino de los cielos no es como una semilla, ni como la levadura, ni como una red. Si lo tomamos así de literal, la parábola pierde su naturaleza. Interpretar literalmente una parábola es desinterpretarla. El Reino es como lo que pasa en la historia: algo insignificantemente pequeño que termina llenándolo todo.
Fíjense en el verbo que se repite. La levadura no se mezcla: se esconde. El tesoro está escondido, y el hombre que lo halla lo esconde de nuevo antes de venderlo todo. Al Reino le gusta trabajar así, oculto, desde dentro, como ese chispito de levadura perdido en una masa capaz de alimentar a cien personas, que nadie puede señalar y que sin embargo la transforma completa. Nadie ve la levadura en la masa. Pero toda la masa queda leudada.
Estas parábolas recorren la vida entera. La tierra y la cocina. Lo de afuera y lo del centro de la casa. Lo que aquel mundo asociaba al hombre y lo que asociaba a la mujer. El mar del pescador y el mostrador del mercader. Jesús multiplica los registros para que el que no captó una capte la otra, porque la mejor metáfora no es la más brillante: es la que la gente entiende. El propio Jesús, un solo hombre en medio del Imperio romano, parecía insignificante; esa levadura escondida en la masa del mundo llegó hasta nosotros.
Las dos parábolas del medio no son consejos de inversión. Nadie está repartiendo tips para crecer financieramente. El énfasis no está en lo que el hombre del tesoro hizo, con todo y su conducta dudosa, sino en el gozo con que lo hizo. El gozo es el motor de la entrega. Y la entrega es total, pero no solo de lo que nos daña, el rencor, el egoísmo, sino también de lo que valemos: los talentos, el tiempo, los bienes. Cuando uno ve de verdad lo que encontró, entregarlo todo deja de ser sacrificio y empieza a ser respuesta.
Queda la red, y ahí la palabra se pone pastoral. La red recoge de toda clase de peces, y separar no nos toca a nosotros. Eso queda para los ángeles, al final. Ni al hermanito fulano ni a la pastora fulana. Mientras tanto, nuestros espacios comunes, el santuario, la mesa, deberían parecerse a esa red: lugares que reciben sin excluir y sin señalar, porque la criba tiene dueño y tiene fecha, y no somos nosotros ni es hoy.
Al final Jesús pregunta si entendieron. Responden que sí, y él no les toma examen: les regala una parábola más. El escriba hecho discípulo del Reino saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas. La tradición no estorba; se hereda y se renueva, y hay que bregar con las dos. Se puede predicar desde ahí: el Reino está en las cosas más sencillas de la vida, pero cuesta verlo. Está escondido como la levadura y enterrado como el tesoro, sembrado desde hace dos domingos en la tierra del sembrador y crecido entre el trigo del domingo pasado. Y cuando por fin lo vemos, lo único proporcional es el gozo: el gozo que suelta, el que entrega, el que descubre que lo pequeño de Dios ya lo estaba llenando todo.
============================================================ -->Hoja de predicación · Domingo a Domingo
Lo pequeño que lo llena todo
Cinco parábolas del Reino escondido
Mateo 13:31–33, 44–52
9.º domingo después de Pentecostés · Propio 12 · Ciclo A · Verde · 26 de julio de 2026
Contexto histórico-cultural
La mostaza era en Galilea una planta común y proverbial: la semilla mínima del refrán y el arbusto de dos o tres metros, nunca un cedro. Plinio el Viejo la describe como planta que crece silvestre y que, una vez sembrada, resulta casi imposible de erradicar, porque la semilla germina apenas cae; la legislación agrícola rabínica llegó a restringir dónde sembrarla. En el imaginario del huerto era planta brava, casi hierba mala. La levadura tampoco era el polvito del supermercado: era masa fermentada, guardada de la hornada anterior, y en la simbólica bíblica carga casi siempre en negativo (Éxodo 12; Mateo 16:6; 1 Corintios 5:6–8). Usarla en positivo para el Reino es una elección deliberadamente subversiva. Y tres sata equivalen a un efá, unos veintidós kilos de harina: hornada de fiesta, no de casa, la misma medida que Sara amasa para los visitantes en Génesis 18:6.
El tesoro enterrado era escena verosímil: en un mundo sin banca y con guerras frecuentes, esconder valores bajo tierra era práctica normal, y un campo podía guardar lo que su dueño nunca volvió a buscar. La perla era objeto de lujo extremo del comercio grecorromano, meta profesional del mercader que la busca. La sagēnē es la red barredera del lago: faena cooperativa que arrastra sin seleccionar; la selección viene después, sentados en la orilla. Y el escriba era el profesional de la Torá: que Jesús cierre el discurso con un escriba discipulado para el Reino es figura inesperada en un evangelio donde los escribas suelen salir mal parados.
Tres claves exegéticas
1. El hilo del ocultamiento ἐνέκρυψεν (enékrypsen)
En 13:33 la mujer no «mezcla» la levadura: la esconde. Algunas versiones suavizan el verbo, pero el griego insiste en el ocultamiento, y el hilo cruza toda la lectura: el tesoro está «escondido» (kekrymménō) y el hombre que lo halla vuelve a esconderlo (ékrypsen). Hasta el versículo que el leccionario salta, 13:35, declara el programa del capítulo: decir «cosas escondidas desde la fundación del mundo». El Reino de Mateo 13 no se exhibe: trabaja oculto, desde dentro, hasta transformarlo todo.
2. Las aves que anidan κατασκηνοῦν (kataskēnoûn)
El cierre de 13:32, las aves del cielo anidando en las ramas, evoca los grandes árboles imperiales de Ezequiel 17:23 y 31:6 y Daniel 4:12, donde las aves cobijadas son los pueblos que un reinado ampara. La lectura de las aves como criaturas que se cubren bajo el nuevo reinado de Dios tiene raíces intertextuales firmes. La ironía mateana es fina: el cobijo de las naciones no lo da un cedro del Líbano sino un arbusto de huerto.
3. El escriba discipulado μαθητευθείς (mathēteutheís)
13:52 habla del grammateùs mathēteutheís, el escriba «hecho discípulo» del Reino, que saca de su tesoro (thēsaurós) «cosas nuevas y cosas viejas» (kainà kaì palaiá). El tesoro del v. 52 dialoga con el del v. 44 y con 6:19–21: donde está tu tesoro, allí está tu corazón. La tradición no se niega; se hereda, se administra y se renueva.
Hilo teológico
Escatología inaugurada en clave de ocultamiento: el Reino ya está presente y operando, pero escondido; su plenitud es futura, su fermento es ahora. Las dos primeras parábolas cargan la iniciativa divina: lo pequeño sembrado y escondido crece solo, sin que nadie lo administre. Las dos del medio piden la respuesta humana, y la respuesta es absoluta: venderlo todo, con el gozo como motor y no el cálculo. La red guarda la reserva escatológica: la separación pertenece a los ángeles en la consumación de la era (13:49), no a la comunidad; el mismo alivio que dejó la cizaña el domingo anterior, porque la criba no es oficio nuestro. Y el dicho del escriba asegura la continuidad de la revelación: lo nuevo de Jesús no demuele lo viejo; lo administra junto.
Tres ángulos homiléticos
A. Lo escondido que lo llena todo
Mostaza y levadura predican la desproporción entre tamaño y efecto. Una estrategia posible: predicar a Cristo mismo como el grano del Imperio. Un solo hombre, aparentemente insignificante en medio de Roma; y esa levadura, escondida en la masa del mundo, llegó hasta nosotros. De ahí se baja a los actos pequeños y fieles de la iglesia que nadie ve y que lo cambian todo.
B. El gozo que vende
Tesoro y perla no son consejos de inversión. El énfasis no está en lo que el hombre hizo, con todo y su conducta dudosa, sino en el gozo con que lo hizo: el gozo hace liviana la entrega total. Y la entrega incluye lo que daña (el rencor, el egoísmo) y lo que vale (los talentos, el tiempo, los bienes): la totalidad del ser puesta al servicio de lo hallado.
C. La red que no separa
La red recoge de toda clase de peces, y la separación les toca a los ángeles, al final. Ni al hermanito fulano ni a la pastora fulana. El sermón puede trabajar el santuario como espacio que recibe sin excluir ni señalar. Y una advertencia de método para los tres ángulos: tomar una sola parábola como pie forzado para la necesidad de la iglesia es legítimo si se hace con honestidad, explicando el texto y el uso que se le está dando; el atajo superficial le queda pequeño a la grandeza del mensaje.
Ilustración y aplicación contextual
La ilustración del episodio es de oficio y cualquiera que predique la reconoce: el sermón con la metáfora perfecta, tan clara y tan montada en la cabeza de quien la escogió, que a la hora de la verdad la mitad de la iglesia no la captó. Y su prueba de contraste: el «me encantó el sermón» del apretón de manos que, ante un «¿y qué fue lo que entendiste?», se queda sin palabras. Las parábolas de esta lectura responden a ese problema con pedagogía. Jesús multiplica los registros, la tierra y la cocina, el mar y el mercado, lo que aquel mundo asociaba al varón y lo que asociaba a la mujer, para que quien no capte una capte la otra. La mejor metáfora no es la más brillante: es la que la gente entiende. Aplicación entre nosotros: quien predica en el área metro no habla igual que en la montaña o en el sur; multiplicar imágenes no es relleno, es hospitalidad pastoral.
Breves notas sobre el género literario
Similitudes en racimo dentro de la tradición del mashal: comparación narrativa, no ecuación. El «es semejante a» apunta a la dinámica completa de la escena, no al objeto: el Reino no es la semilla ni la levadura ni la red; es lo que ocurre cuando lo pequeño escondido despliega su poder. Por eso interpretar literalmente los rasgos, la «más pequeña de todas las semillas», el arbusto hecho «árbol», es desinterpretarlos: son hipérbole y fraseo poético al servicio del contraste, y el auditorio original lo sabía. Hay incluso humor fino en 13:32: la mayor «de las hortalizas» que «se hace árbol». Cinco escenas de lo cotidiano que, juntas, recorren campo y casa, mar y mercado: la experiencia humana entera convocada a entender.
Breves notas sobre la estructura
Seguimos en el tercer gran discurso de Mateo. El leccionario retoma exactamente lo que el Propio 11 saltó: la mostaza y la levadura (13:31–33) regresan según lo anunciado, y se les suman las parábolas dichas ya no a la multitud sino a los discípulos. La bisagra sigue siendo 13:36: despedida la gente, Jesús entra en la casa, y todo 13:44–52 es enseñanza de puertas adentro; el «venderlo todo» no se le grita a la multitud, se le confía a los que ya siguen. El capítulo se sostiene en un marco concéntrico: cizaña, parábolas de crecimiento, explicación de la cizaña, parábolas de hallazgo, red; y la red repite casi palabra por palabra el desenlace de la cizaña (13:42 y 13:50), señal de patrón redaccional y no de accidente. El cierre en 13:51–52 funciona como colofón del discurso entero: la pregunta «¿habéis entendido?», el «sí» que no pasa por examen, y el dicho del escriba: entender parábolas convierte al oyente en administrador de un tesoro con cosas nuevas y viejas.
Pregunta para la comunidad
Domingo a Domingo · Episodio 47 · domingoadomingo.com
Para profundizar: notas y fuentes
El texto griego de la lectura. Términos clave: 13:31 kókkos sinápeōs (grano de mostaza); 13:32 mikróteron… meîzon tôn lachánōn… gínetai déndron (la más pequeña… la mayor de las hortalizas… se hace árbol) y kataskēnoûn (anidar); 13:33 enékrypsen (escondió) en sáta tría (tres medidas); 13:44 thēsaurô kekrymménō (tesoro escondido) y ékrypsen (volvió a esconderlo); 13:45–46 margarítēs (perla) y émporos (mercader); 13:47 sagḗnē (red barredera); 13:49 synteleía toû aiônos (consumación de la era); 13:52 grammateùs mathēteutheís (escriba hecho discípulo) y kainà kaì palaiá (cosas nuevas y viejas). Consultable en: Perseus Digital Library — http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=urn:cts:greekLit:tlg0031.tlg001.perseus-grc1:13 · greekbible.com — https://www.greekbible.com/matthew/13
«Escondió», no «mezcló». La RVR1960 conserva «escondió» en 13:33; versiones inglesas como la NIV vierten «mixed» (mezcló) y traducen la cantidad como «unas sesenta libras de harina», mientras la CSB dice «cincuenta libras». El verbo griego enékrypsen respalda la elección de la Reina-Valera: esconder dentro. Fuente: BibleRef, «What does Matthew 13:33 mean?» — https://www.bibleref.com/Matthew/13/Matthew-13-33.html
La cantidad de harina. Tres sata equivalen a un efá, unos 22 a 23 kilos (cerca de 50 libras) de harina: pan para unas cien personas. La estimación dicha al aire, sesenta a setenta libras de masa y comida para cien o más, queda dentro del rango: a la harina se le suma el agua. La misma medida aparece en Génesis 18:6, las tres medidas de flor de harina que Sara amasa para los visitantes, y en la ofrenda de Gedeón (Jueces 6:19): cantidad de hospitalidad festiva, no de hornada doméstica. Fuentes: BibleRef (arriba) · StudyLight, comentarios a Mateo 13:33 — https://www.studylight.org/commentary/matthew/13-33.html
La mostaza según Plinio. En Historia Natural 19.170–171 la describe como planta que crece del todo silvestre y que, una vez sembrada, es casi imposible librar de ella el terreno, porque la semilla germina apenas cae. La planta brava del huerto, casi hierba mala, como se dijo al aire; la legislación agrícola de la Mishná llegó a restringir su siembra junto a otros cultivos (Kilayim 2:8). Fuentes: Plinio el Viejo, Natural History, libro 19, trad. Rackham — https://en.wikisource.org/wiki/Natural_History_(Rackham,Jones,&_Eichholz)/Book_19 · panorama con la cita en «Parable of the Mustard Seed», Wikipedia — https://en.wikipedia.org/wiki/Parable_of_the_Mustard_Seed · sobre la restricción rabínica: The Berean Project — https://www.thebereanproject.com/blog/the-mustard-seed-tiny-faith-wild-growth-and-the-kingdom-of-god/
Las aves y los árboles imperiales. El cierre de 13:32 evoca Ezequiel 17:23 y 31:6 y Daniel 4:12, 21 (cf. Salmo 104:12): las aves que anidan bajo el gran árbol son los pueblos cobijados bajo un reinado. La lectura del episodio, las aves como criaturas de Dios que se cubren bajo el nuevo reinado, tiene raíces intertextuales firmes; el giro mateano está en que el cobijo no lo da un cedro sino un arbusto. Fuentes: intertextual.bible, Ezequiel 17:23 / Mateo 13:31 — https://intertextual.bible/text/ezekiel-17.23/matthew-13.31 · compilación de pasajes en ESV.org — https://www.esv.org/Ezekiel+31:6;Ezekiel+17:23;Daniel+4:12;Daniel+4:21;Matthew+13:32/
La arquitectura del capítulo. El bloque 13:24–52 forma un marco concéntrico: cizaña (A), parábolas de crecimiento (B), explicación de la cizaña (C), parábolas de hallazgo (B′), red (A′). La red retoma la promesa de vindicación de la cizaña, y las parábolas de crecimiento revelan «lo escondido» que 13:35 anuncia. La mitad A–C de ese marco la trabajamos en la entrada del Propio 11. Fuente: Holly Hearon, comentario a Mateo 13:31-33, 44-52, Working Preacher — https://www.workingpreacher.org/preaching.aspx?commentary_id=4512
El tesoro como mapa de lealtades. Thēsaurós es palabra cargada en Mateo: donde esté tu tesoro, allí estará tu corazón (6:19–21; cf. 12:35). La parábola del tesoro anticipa el tesoro del escriba (13:52) y se vuelve caso real en 19:16–22, cuando al joven rico se le pide exactamente lo que el hombre del campo hizo con gozo: venderlo todo. Sobre la conducta dudosa del hallador: las opiniones varían, y ese no es el punto de la parábola. Fuente: Mark G. Vitalis Hoffman, comentario a Mateo 13:31-33, 44-52, Working Preacher — http://www.workingpreacher.org/preaching.aspx?commentary_id=983
El escriba discipulado. En Mateo los escribas suelen aparecer bajo luz negativa junto a fariseos y saduceos; 13:52 sorprende con un escriba entrenado para el Reino, responsable de extraer la sabiduría de lo viejo y lo nuevo y enseñarla al pueblo: figura del predicador, que lleva a la comunidad tanto el contexto antiguo del evangelio como su aplicación presente. Respalda la observación del episodio: Jesús no niega la tradición; edifica sobre ella y exige bregar con ambas. Fuente: Jennifer T. Kaalund, comentario a Mateo 13:31-33, 44-52, Working Preacher — https://www.workingpreacher.org/preaching.aspx?commentary_id=3351
Wesley sobre la mostaza y la levadura. En sus Explanatory Notes, sobre 13:32: así se extenderá la doctrina cristiana en el mundo, y la vida de Cristo en el alma. Sobre 13:33: tres medidas era la cantidad que solían hornear de una vez, y así el evangelio leudará el mundo y dará gracia al cristiano (paráfrasis del inglés). La gracia que obra callada y desde dentro: el acento wesleyano encaja sin costura con la lectura del episodio. Fuente: John Wesley, Explanatory Notes upon the New Testament, Mateo 13 — https://www.studylight.org/commentaries/eng/wen/matthew-13.html
Synteleia aiōnos, otra vez. La fórmula de 13:49, «consumación de la era», es la misma que trabajamos a fondo en la entrada del trigo y la cizaña a propósito de 13:39–40: sello casi exclusivo de Mateo (13:39, 40, 49; 24:3; 28:20). Aquí reaparece para cerrar la red: la separación tiene dueño y tiene fecha, y la fecha no es hoy. Verificable en el texto griego citado arriba.
Que el Señor, que esconde su Reino como levadura en la masa y como tesoro en el campo, te dé el gozo que hace liviano entregarlo todo.
S. Febo
22 de julio de 2026
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