Regresa a la mesa el Rvdo. Dr. Ediberto López Rodríguez, catedrático de Nuevo Testamento y Griego en el Seminario Evangélico de Puerto Rico, ministro ordenado de la Iglesia Metodista de Puerto Rico y doctor en literatura del Nuevo Testamento por Drew University, para ayudarnos a degustar la parábola del Sembrador. La leímos con sus adyacencias: el capítulo 12 que la antecede, los versos que el leccionario omite y los pisos que el texto fue acumulando desde Jesús hasta Mateo. Con este episodio entramos al discurso de parábolas de Mateo 13, y ahí nos quedaremos también los próximos domingos.
Tres ideas clave de mi conversación con el Dr. Ediberto López:
La parábola nació como un relato de esperanza: Jesús se lo cuenta a un campesinado que perdía sus tierras, y les anuncia que el sufrimiento del presente no tiene la última palabra; la tiene la gracia de Dios.
El texto que recibimos tiene pisos: la parábola de Jesús (vv. 1 al 9), el marco con la cita de Isaías que explica el fracaso de la misión (vv. 10 al 17), y la interpretación alegórica que convierte la parábola en examen pastoral (vv. 18 al 23).
La palabra no solo enternece; también denuncia, y el rechazo posible es parte del costo del evangelio. Queda además trabajo por hacer: el Dr. López lo llamó una responsabilidad ética, la de trabajar el terreno para que pueda dar fruto.
🎧 Ve el episodio completo: El cielo viene para abajo · Mateo 13:1-9, 18-23 (Ep. 45)
Comentario a Mateo 13:1-9, 18-23: la parábola del Sembrador por sus pisos
Hay parábolas que hemos oído tanto que ya no las oímos. La del Sembrador encabeza la lista. Sabemos de memoria los cuatro terrenos, sabemos que hay que ser buena tierra, y con eso damos el texto por resuelto. El Dr. Ediberto López lo dijo sin rodeos en el episodio: las parábolas se fueron domesticando desde muy temprano, y si queremos volver a oír la voz de Jesús, hay que leerlas de nuevo, completas y en su sitio.
Completas, primero. El leccionario nos entrega los versos 1 al 9 y del 18 al 23, y deja fuera justo el centro: la pregunta de los discípulos y la cita de Isaías. Conviene leerlo todo en el culto, del 1 al 23. Y en su sitio, después. La semana pasada nos quedamos en la microparábola de los niños en la plaza; esta semana se abre el discurso de parábolas entero, y no se entiende sin el capítulo 12, donde el conflicto alrededor de Jesús ya está encendido.
Antes de preguntar qué significa la parábola, conviene preguntar a quién se la contó Jesús. La contó en un mundo agrario donde casi todo el mundo era campesino y donde la tierra se estaba perdiendo: los diezmos del templo por un lado, el tributo de Roma por el otro, la deuda apretando en el medio. A esa gente Jesús le hace un cuento sobre lo que mejor conocía, la siembra, y sobre lo que más temía, la pérdida. Tres cuartas partes de la semilla se pierden. Cualquiera de sus oyentes lo había vivido. Pero el relato no termina en la pérdida: termina en cosecha, a ciento, a sesenta y a treinta. No una cosecha de fantasía, sino una cosecha buena, suficiente, de las que cubren la necesidad. El Dr. López insistió en esa sobriedad: esto no es un milagro agrícola, es la promesa de que la vida va a dar fruto aunque el presente diga lo contrario. Por eso lo llamó un cuento de esperanza. Y lo resumió con una frase que se queda con uno: no es que vamos para el cielo, es que el cielo viene para abajo.
Ese es el primer piso. Pero el texto que recibimos tiene más pisos, porque la iglesia siguió leyendo la parábola cuando el mundo ya era otro. El segundo piso es el marco: los discípulos preguntan por qué hablar en parábolas y la respuesta trae la cita de Isaías, oiréis y no entenderéis. Ahí la parábola se vuelve otra cosa: una explicación del fracaso. La primera generación predicó y la mayoría no creyó, y esa herida necesitaba palabras. Nos toca de cerca. Nuestras iglesias también conocen los bancos vacíos, los hijos que no quieren creer, la misión que se ha vuelto cuesta arriba. El segundo piso da un permiso extraño y sanador: no toda semilla germina, y eso no desmiente la palabra ni convierte al sembrador en fracasado.
El tercer piso es la interpretación que solemos predicar: el camino, el pedregal, los espinos, la buena tierra. Leída en su piso, no es una tabla para clasificar al vecino sino un espejo. ¿Qué terreno soy? Y algo más: el terreno no es destino. Se trabaja. En el episodio quedó dicho con todas sus letras: aquí hay una responsabilidad ética, y si no se asume, en vano se predicó.
Queda una arista que no conviene limar. La palabra no solo enternece el corazón; también denuncia, y la denuncia puede provocar rechazo. Eso también es legítimo, sostuvo el Dr. López, porque la predicación de Jesús fue denuncia y anuncio a la vez, y una predicación que no desafía a nadie termina en aplausos que no transforman nada. Yo, en el púlpito, empezaría por casa: antes de mirar a los de afuera que no creerán, mirar las oposiciones que cargamos adentro, sin señalar a nadie, y desde esa interioridad abrirnos a la realidad de que no todo el mundo va a unirse a nuestra fe.
Y si el texto tiene pisos, el sermón puede tenerlos. Esa fue la invitación más audaz del episodio: pararse el domingo y decirle a la iglesia que en este pasaje hay tres sermones, el de Jesús, el de la primera comunidad y el de Mateo, y atreverse a recorrerlos. O predicar uno solo, pero con los tres pisos debajo, sosteniéndolo.
Hoja de predicación · Domingo a Domingo
Un cuento de esperanza
La parábola del Sembrador, leída por sus pisos
Mateo 13:1-9, 18-23
7.º domingo después de Pentecostés · Propio 10 · Ciclo A · Verde · 12 de julio de 2026
Contexto histórico-cultural
La Galilea de Jesús era un mundo agrario: los estudios sociales del Nuevo Testamento estiman que cerca de nueve de cada diez personas vivían del campo. Sobre ese campesinado pesaba una doble carga: los diezmos del templo y, encima, el tributo del imperio romano. El endeudamiento empujaba a familias enteras a perder la tierra y a engrosar los arrabales de las ciudades, donde la vida era todavía más corta y precaria. La audiencia natural de esta parábola son los que han perdido la tierra o están a punto de perderla. Jesús les habla en su propio calendario: la siembra al voleo sobre terrenos desiguales (sendero, pedregal, espinos, tierra buena) era la experiencia común del agricultor palestino, incluidas las pérdidas. El cuento parte de esa realidad para anunciar, dentro de ella, el Reino.
Tres claves exegéticas
1. Un cuento con trama παραβολή (parabolḗ)
La parábola es un relato breve con trama y cambio de estatus: aquí, el trabajo de un agricultor a lo largo de casi un año, con su triple pérdida y su cosecha. Mateo 13 abre con ella el tercero de los grandes discursos del evangelio, el discurso parabólico. El género pide ser leído como cuento que interpela, no como alegoría cerrada: obliga al oyente a pensar y le deja la tarea de aplicarlo.
2. Oír y entender συνίημι (syníēmi)
Es la marca redaccional de Mateo. Donde Marcos habla de recibir la palabra, Mateo insiste en entenderla: el que no la entiende la pierde (13:19) y la buena tierra es «el que oye y entiende» (13:23). Para Mateo el discipulado pasa por la comprensión, y la parábola misma exige ese trabajo de entender.
3. La cosecha suficiente καρποφορέω (karpophoréō)
Dar fruto «a ciento, a sesenta y a treinta» (13:8, 23). Mateo desciende (100, 60, 30) donde Marcos asciende (30, 60, 100; Mc 4:8). El episodio subrayó la sobriedad del dato: más que una cifra milagrosa, es una cosecha buena y realista, la cobertura de la necesidad; compárese Génesis 26:12. El acento no está en el espectáculo sino en la certeza del fruto.
Hilo teológico
El Reino no es evacuación sino llegada: «venga tu reino» significa que el cielo baja, no que escapamos hacia arriba. En un presente de despojo, la parábola afirma que el sufrimiento no tiene la última palabra; la tiene la Gracia que hace fructificar la vida. Esa Gracia no anula la responsabilidad: la semilla es la palabra, pero el terreno se trabaja, y el episodio lo nombró con precisión una responsabilidad ética. La palabra, además, no solo consuela: denuncia y anuncia a la vez, y el rechazo posible es parte del costo del evangelio. Entre la soberanía de la semilla y el trabajo del terreno se sostiene la vida de la iglesia: sembrar con esperanza, sin garantías de éxito inmediato, y atender el suelo que se nos confió.
Tres ángulos homiléticos
A. El relato de esperanza (piso primero)
Predicar la parábola como Jesús la contó: a gente que está perdiendo terreno, literal o figuradamente. En Puerto Rico ese auditorio existe: deuda, éxodo, cierres, comunidades que envejecen. El anuncio es directo: habrá cosecha; el presente difícil no es la palabra final.
B. Cuando la misión fracasa (piso segundo)
Para congregaciones desalentadas: la cita de Isaías nombra la herida del rechazo sin negar la palabra. Un sermón que da permiso al realismo, porque no toda semilla germina, sin ceder al cinismo; y que libera al predicador de medir su fidelidad por resultados.
C. ¿Qué terreno somos? (piso tercero)
El examen pastoral, dirigido primero hacia adentro. En el episodio se propuso comenzar por las oposiciones dentro de la propia iglesia, sin señalamientos, y desde esa interioridad abrirse a quienes no van a creer. La clave: el terreno no es destino; se trabaja. Y para los audaces, la estructura misma regala el diseño del sermón: un texto, tres pisos, hasta tres sermones anunciados desde el púlpito.
Ilustración y aplicación contextual
El Dr. López lo puso en términos de finca. Cuando alguien compra un terreno abandonado, no lo declara perdido: primero corta la hierba, después saca las piedras, luego arranca la mala hierba, abona, y solo entonces siembra con confianza. Así se trabaja también el terreno de una congregación: poco a poco, sin tumbar a nadie, para que el que está junto al camino, el que está en pedregal y el que vive entre espinos puedan llegar a dar fruto. Y recordó un cuento judío: un hombre dejaba perder su finca y a todo el que le reclamaba respondía que la tenía «en las manos de Dios»; se la vendió a un ateo industrioso que la levantó hasta volverla un jardín, y cuando la gente admiraba lo hermosa que estaba, el nuevo dueño remataba: «y eso que antes estaba en las manos de Dios». Si no hacemos el trabajo que nos toca, Dios no lo hará por nosotros. Aplicado a la iglesia: la meta no es que se vaya el que estorba, sino que cada terreno de la comunidad reciba el trabajo que le permita dar fruto.
Breves notas sobre el género literario
La investigación moderna converge en lo esencial: la parábola es un relato breve con trama y cambio de estatus (Zimmermann), que aguijonea la mente a pensar y deja al oyente la tarea de aplicarla (Dodd), que funciona como discurso subversivo en un mundo de conflicto social (Herzog, que lee a Jesús como pedagogo de los oprimidos) y como relato de desafío que ayuda a explicar por qué su narrador terminó en una cruz (Crossan). Levine recuerda que estos cuentos nacen del mundo judío y conservan allí su provocación original. El evangelio de Tomás (dicho 9) transmite la parábola sin interpretación alegórica, indicio de que circuló primero como cuento desnudo; la explicación de los vv. 18 al 23 es lectura temprana de la iglesia. Un dato notable del episodio: ni Pablo ni Juan usan este género. En las parábolas se oye el timbre propio de Jesús.
Breves notas sobre la estructura
La unidad litúrgica esconde tres pisos. Primero, el cuento (vv. 1 al 9): siembra, triple pérdida, cosecha. Segundo, el marco (vv. 10 al 17, omitidos por el leccionario): la pregunta de los discípulos y la cita de cumplimiento de Isaías 6:9-10; donde Marcos escribe «para que» no entiendan (hína, Mc 4:12), Mateo suaviza a «porque» no entienden (hóti, 13:13) y explica así el fracaso de la misión. Tercero, la interpretación (vv. 18 al 23), que convierte el cuento en examen: cuatro terrenos, un espejo. Todo cuelga del capítulo 12, donde el conflicto ya está declarado. Mateo sigue el orden de Marcos con ediciones finas: «el malo» en lugar de Satanás, los espinos reducidos a dos afanes, el acento en entender, la cosecha en orden descendente.
Pregunta para la comunidad
Domingo a Domingo · Episodio 45 · domingoadomingo.com
COMPLEMENTO
Notas y fuentes para profundizar en lo trabajado en el episodio.
La parábola en el evangelio de Tomás (dicho 9). Tomás transmite el cuento sin la interpretación alegórica: el sembrador sale, llena su mano y siembra; camino, roca, espinos, tierra buena; la cosecha, en esta versión, es de sesenta y de ciento veinte por medida. La compilación copta suele fecharse en el siglo II (en el episodio se mencionó el año 140), aunque buena parte de la investigación considera que puede conservar materiales anteriores a los sinópticos. Texto y comentario: Gospel of Thomas 9, Early Christian Writings.
La biblioteca de las parábolas citada en el episodio.
Ruben Zimmermann, Puzzling the Parables of Jesus: Methods and Interpretation (Fortress, 2015). Profesor de Nuevo Testamento en la Universidad de Maguncia; define la parábola como relato breve con trama y cambio de estatus. Fortress Press
Amy-Jill Levine, Short Stories by Jesus: The Enigmatic Parables of a Controversial Rabbi (HarperOne, 2014). Erudita judía del Nuevo Testamento; lee las parábolas desde su matriz judía y recupera su provocación original. Ficha del libro
William R. Herzog II, Parables as Subversive Speech: Jesus as Pedagogue of the Oppressed (Westminster John Knox, 1994). Lee las parábolas como análisis social del mundo agrario y a Jesús, explícitamente, como pedagogo de los oprimidos en diálogo con Freire.
Klyne Snodgrass, Stories with Intent: A Comprehensive Guide to the Parables of Jesus (Eerdmans, 2008; 2.ª ed. 2018, cerca de 900 páginas). Rastrea las tradiciones del Antiguo Testamento y del mundo judío detrás de cada parábola y su reaparición en los evangelios. Eerdmans
C. H. Dodd, The Parables of the Kingdom (1935). Su definición clásica: una imagen tomada de la vida común que, por su viveza o extrañeza, deja a la mente en duda suficiente como para aguijonearla a pensar activamente. Referencia y bibliografía
John Dominic Crossan, The Power of Parable (HarperOne, 2012). Las parábolas de Jesús como relatos de desafío que cuestionan los absolutos de su mundo. Ficha del libro
Bernard Brandon Scott, Hear Then the Parable: A Commentary on the Parables of Jesus (Fortress, 1989). Lectura literaria y de antropología cultural de todas las parábolas. Fortress Press
James C. Scott, Domination and the Arts of Resistance: Hidden Transcripts (Yale University Press, 1990). La distinción entre transcripción pública y transcripción oculta de los grupos subordinados, evocada en el episodio como clave para oír la parábola desde abajo. Yale University Press
El rendimiento de la cosecha. Sobre la agricultura palestina, la obra de referencia sigue siendo Gustaf Dalman, Arbeit und Sitte in Palästina (7 vols., 1928-1942; el volumen dedicado a la agricultura circula en inglés como Work and Customs in Palestine, vol. II, 2020). En la investigación se discute si el «a ciento, a sesenta y a treinta» de Mateo 13:8 es cifra de abundancia escatológica o cosecha buena dentro de lo posible; el episodio defendió lo segundo, citando rendimientos altos reportados en el mundo antiguo, con el eco bíblico de Génesis 26:12 (Isaac «cosechó ciento por uno»): bendición real, no fantasía. Sobre Dalman
Isaías 6:9-10 en Mateo 13:14-15. Mateo introduce la cita con su fórmula de cumplimiento y con ella explica el rechazo: el fracaso misionero entre sus contemporáneos no desmiente la Escritura, la cumple. El contraste con Marcos es fino pero decisivo: Marcos 4:12 usa hína («para que» no entiendan); Mateo 13:13 usa hóti («porque» no entienden). La datación común sitúa a Mateo hacia los años 80, en tensión abierta con la sinagoga de su tiempo, contexto evocado en el episodio. Textos: Mateo 13 (RVR1960) · Marcos 4 (RVR1960) · Isaías 6 (RVR1960)
El criterio de disimilaridad, con precisión. En el episodio se evocó este criterio de la investigación del Jesús histórico para sostener que en las parábolas oímos la voz de Jesús. Formulado con exactitud, el criterio dice que un dicho tiene alta probabilidad de ser auténtico cuando no se explica ni por los intereses de la iglesia primitiva ni por el judaísmo del entorno. Aplicado aquí: el cristianismo posterior no habló en parábolas (no hay parábolas narrativas en Pablo ni en Juan), de modo que el género no es invención eclesial; es marca registrada de Jesús. El criterio tiene límites reconocidos por la propia investigación (Jesús fue judío, y la iglesia sí lo recordó), pero para el caso de las parábolas su fuerza es notable.
Paulo Freire, ficha precisa. En el episodio se evocó a Freire para la imagen del predicador que se mueve entre pasado, presente y futuro, dándole la mano a quien se quedó atrás. Paulo Freire (1921-1997) fue educador y filósofo brasileño, padre de la pedagogía crítica y autor de Pedagogía del oprimido. No fue teólogo de profesión, pero su vínculo con el mundo teológico es real y documentado: trabajó una década (1970-1980) como consultor especial de la Oficina de Educación del Consejo Mundial de Iglesias en Ginebra, y Leonardo Boff lo cuenta entre los precursores de la teología de la liberación. Cátedra Paulo Freire, Garrett-Evangelical
FE DE ERRATA
Al presentar la investigación sobre la agricultura palestina se describió a Gustaf Dalman como «un erudito judío». Siendo mas precisos de debe decir que Dalman (1855-1941) fue un teólogo luterano alemán y orientalista, gran estudioso del judaísmo y de la vida agraria de Palestina, autor de Arbeit und Sitte in Palästina.
En la lectura del pasaje se leyó «a setenta»; el texto dice «a sesenta» (Mateo 13:8, 23, RVR1960).
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Que el Sembrador que no se cansa de salir a sembrar te conceda esperanza en la tierra difícil, manos para sacar las piedras y ojos para la cosecha que viene.
S. Febo
8 de julio de 2026
Conversación